Los socialistas consideran que tras el cese de Bermejo les toca el turno a los populares implicados en la corrupción, pero Rajoy y los suyos quieren ahora la cabeza de Solbes
25 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La renuncia de Mariano Fernández Bermejo provocó ayer una «guerra de dimisiones» entre socialistas y populares. Los primeros consideraron que con el cese del titular de Justicia la pelota queda ahora en el tejado del PP y apuntaron directamente a Mariano Rajoy, al ex ministro de Defensa Federico Trillo y a los que consideran máximos responsables de las tramas de espionaje y corrupción en las comunidades de Madrid y Valencia, comenzando por sus presidentes, Esperanza Aguirre y Francisco Camps.
Pero los populares no se dieron por satisfechos con el trofeo de Bermejo. E incluso elevaron su apuesta y exigieron responsabilidades a Zapatero, al que reclamaron que destituya a su vicepresidente económico, Pedro Solbes, por decir que envidia la situación de ex ministro de Bermejo.
En el ámbito judicial, los populares volvieron a la carga contra el magistrado Baltasar Garzón, que ayer se reincorporó a su juzgado tras recuperarse de la crisis de ansiedad que padeció, y al que siguen amenazando con presentar una querella si no se inhibe de la causa sobre la corrupción. La querella por prevaricación está «preparada para presentarla en cualquier momento», según aseguraron ayer los populares.
Los portavoces de ambos partidos en el Congreso mantuvieron un duro enfrentamiento. La popular Soraya Sáenz de Santamaría respondió a la demandas de sus adversarios para que dimitiera Rajoy diciendo que Bermejo «ha tenido una conducta reprochable» y el líder de su partido no. Su homólogo socialista, José Antonio Alonso, había dicho que este debía dejar su puesto por su «falta de respuesta política» a las acusaciones contra cargos del PP por su implicación en la operación Gürtel, que afecta a dirigentes populares.
El propio Mariano Rajoy se refería a las dimisiones de altos cargos de su partido en caso de que sean imputados en la trama de corrupción dirigida por Francisco Correa diciendo que esa posibilidad «depende de qué sean acusados». «Adelantar acontecimientos en estos temas puede suponer, a veces, condenar a una persona antes de ser juzgado y ni siquiera escuchado», insistió Rajoy.
Ante la circunstancia apuntada el día anterior por el presidente del Gobierno de que fuera precisamente Federico Trillo quien criticara a Bermejo cuando no dimitió por el asunto del Yak-42, Rajoy calificó esta denuncia de «sumamente injusta» y defendió al ex ministro de Defensa como un político «honesto» y «competente».
La ironía de Solbes
Pero sin la baza de la petición de dimisión de Bermejo, el líder del PP giró sus acusaciones hacia la crisis económica y su máximo responsable en el Gobierno, Pedro Solbes. Rajoy instó a Zapatero a dejar marchar al vicepresidente económico «porque España en este momento no necesita a personas timoratas y cansadas, sino a gente con coraje, con agallas, con determinación y con empuje para afrontar la crisis». Desde el Gobierno y desde el PSOE se justificó ayer la frase de Solbes aludiendo a su «fina ironía» y a su agudo sentido del humor, y negando que quiera dejar el Gobierno.
Pero los populares tampoco están dispuestos a dar por saldado el episodio de la cacería con la retirada de Bermejo. Su secretaria general, María Dolores de Cospedal, dijo que eso era «lo mínimo» que podía hacer, pero «no cierra el asunto de ninguna manera», porque existen «claros indicios de connivencia con el poder judicial para perjudicar a un partido político». Aseguró que con el adiós de Bermejo «no termina todo» y Zapatero «tendrá que dar explicaciones de las escandalosas citas entre el ex ministro de Justicia, el juez Garzón y el comisario de la Policía Judicial».
Pero los socialistas no se amilanaron y pasaron al contraataque. Según la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, Rajoy ha recibido una «lección de ética democrática» con la dimisión del ministro, por lo que invitó al líder popular a «tomar buena nota». A juicio de Pajín, lo que debería hacer el presidente del PP es «mirar dentro de su propio partido, acabar con los líos internos y depurar responsabilidades».