Un antidivo siempre en la sombra

ESPAÑA

Discreto, independiente, diplomático, sin enemigos y siempre dispuesto a ayudar a los demás, Dívar es un hombre de consenso y de profundas convicciones católicas

29 sep 2008 . Actualizado a las 12:35 h.

Es la antítesis de los jueces estrella. Tan discreto que, después de 28 años en la Audiencia Nacional -21 como juez de instrucción y 7 de presidente-, es un total desconocido para una opinión pública, acostumbrada a oír hablar una y otra vez de los Garzón, Grande-Marlaska, Gómez Bermúdez o Pedraz. La designación por Zapatero -avalada con entusiasmo por la vicepresidenta Fernández de la Vega- de este malagueño de 66 años, soltero, conservador y de arraigadas convicciones católicas como presidente del Consejo General del Poder Judicial y, por ende, del Tribunal Supremo causó estupefacción en toda la carrera judicial. Hoy le espera su primer examen durante el solemne acto de apertura del Año Judicial, en el que pronunciará su primer discurso en presencia del Rey.

Resulta casi imposible encontrar a alguien que hable mal de este hombre modesto, buen compañero, tímido, cariñoso, honesto, prudente, de trato afable, alérgico a los medios de comunicación, a las polémicas y enfrentamientos, con nulo afán de protagonismo, viajero compulsivo, amante de la ópera, voraz lector de Santo Tomás y San Agustín, y siempre dispuesto a ayudar a los demás. A los indigentes, a los niños a los que reparte juguetes en Navidad y a los muchos que apadrina, a los presos comunes a los que visita y a los funcionarios a los que reparte rosarios. Una buena persona, en definitiva.

No se le conocen enemigos. «Aunque no responde a los criterios que esperábamos, hay que valorarlo como una persona íntegra que ha demostrado su imparcialidad», asegura Miguel Ángel Gimeno, portavoz de la progresista Jueces para la Democracia. Dívar no pertenece a ninguna asociación judicial.

Pero dejando sus virtudes personales aparte, se ha cuestionado que sea el candidato idóneo para esos dos puestos claves. Se le objeta que no haya ejercido como miembro del Supremo, ni puesto una sola sentencia, ni tenga obra jurídica relevante. Él ha agradecido las críticas como «una lección de humildad», en la más pura lógica cristiana. «Rezad por mí», dice a quienes le felicitan por el nombramiento.

Pero posee otras características que le avalan. Por ejemplo, su probada independencia, su proverbial diplomacia para sortear conflictos, su serenidad, su facilidad para concitar consensos e inspirar confianza, o su acusado sentido institucional, que le hace actuar ajeno a las consignas partidistas. Además, claro está, de sus vastos conocimientos jurídicos, que le hacían instruir de forma muy completa los sumarios. Armas vitales para presidir un Poder Judicial y un Supremo cuyos integrantes tienen el colmillo retorcido.

Dívar ha dado también ejemplos de independencia política. Destaca su apoyo al acercamiento de los presos etarras en pleno proceso de paz, cuando las críticas al Gobierno eran exacerbadas. Dívar recordó que esa política penitenciaria ya se había utilizado y «podría volverse a usar y ser efectiva, práctica y eficaz». También defendió al juez Juan del Olmo cuando fue objeto de una brutal campaña de descrédito por los conspiranoicos.

Como instructor, se recuerda que ayudaba a los jóvenes de la kale borroka que ponía en libertad tras tomarles declaración y no tenían dinero para el bocadillo y el autobús de vuelta al País Vasco. Pero en 1996 ETA intentó acabar con la vida de este experto en terrorismo, al que ha combatido con determinación desde la Audiencia Nacional. El coche bomba que la banda le colocó fue desactivado y él atribuyó su salvación a la Virgen de Fátima.?

El «padre Dívar»

Conocido como «el padre Dívar», es un fervoroso católico de misa diaria, que reza por todo el que se le acerca y siempre está dispuesto colocar una cita bíblica. Ha dado conferencias en el Arzobispado de Madrid y está vinculado con la Adoración Nocturna, un movimiento que lleva a cabo maratonianas vigilias de oración. En su 125 aniversario, Dívar pronunció una conferencia titulada Qué significa ser adorador nocturno de Jesús Sacramentado. No pertenece ni al Opus Dei ni a los Legionarios de Cristo, como se ha especulado. «Solo en amar a Cristo y hacerle amar, en una vida coherente y cabal, se encuentra la única y verdadera Justicia». Así finaliza su contribución a la Revista de la Hermandad del Valle de los Caídos de enero del 2001 titulada Justicia y Juan Pablo II, en la que expresaba su total sintonía con el papa Wojtyla.