Al presidente del Gobierno le ha venido bien el capote del candidato demócrata, porque rompe una racha de pésimas noticias a cuenta de la crisis económica
28 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.¡Menudo regalo para el presidente Zapatero la mención directa que se le dedicó en el debate de los candidatos a la Casa Blanca en la madrugada del sábado! Cien millones de espectadores escucharon a Obama reprochar al candidato republicano que no se hubiera comprometido a reunirse con el presidente español. «España es un país de la OTAN y si no hablamos ni con nuestros aliados, cómo vamos a tener relaciones internacionales», dijo Obama en referencia a la entrevista que le hizo la Ser a McCain. El republicano marcó entonces distancias e incluso dio la sensación de que no situaba a España en el mapa, ya que siguió hablando del mexicano Calderón. Ayer, en el debate, McCain salió como pudo y dijo que si todavía no ha llegado a la Casa Blanca, no va a entrar ya en la lista de visitas.
A Zapatero, al que Bush mantuvo siempre a distancia enojado por la retirada de tropas españolas de Irak, le ha venido bien este pasaje porque rompe de forma positiva el cerco de la prensa conservadora española y una mala racha de noticias a cuenta de la crisis económica. La venta entusiasta de España que ha hecho esta semana en Nueva York llamando a los inversores internacionales y asegurando que «tenemos el sistema bancario más sólido del mundo», ha sido motivo de cierta rechifla en medios conservadores españoles. Por ejemplo, al anunciar un programa económico en una TDT, los presentadores adelantaban ayer que hablarán de «la realidad por malas que sean las noticias y, para el que quiera hiperoptimismo, le pondremos en pantalla el teléfono de la Moncloa».
Esta posición enlaza con aquella acusación de Aznar al entonces presidente Felipe González, al que llamó «pedigüeño» por pelear en Europa por los Fondos de Cohesión que, como es sabido, resultaron vitales para la transformación de España en los últimos años. Algunos comentaristas, como Fernando Ónega, han defendido el entusiasmo de Zapatero en Nueva York porque su estilo está en línea con lo que sucede en las reuniones con inversores y fondos a los que se les presentan empresas y proyectos que requieren capitalización. «El presidente de una empresa que se llama España -escribió ayer Ónega aquí en La Voz- tiene que hacer algo parecido a las empresas y no mostrar una cara triste, pesimista o de profunda crisis». Y aún va más lejos: «Aquí no se perdona el optimismo y hay mucho francotirador suelto dispuesto a mandar al optimista al paredón».
Optimismo va a hacer falta en abundancia porque los tiempos son muy complicados. El jueves próximo se anunciará el paro registrado en septiembre y los responsables del ministerio ya expresan en privado su preocupación. «Menos mal que la Seguridad Social aguanta bien la recaudación, lo que nos concede un margen de maniobra importante», afirma el ministro Celestino Corbacho.
El ministro compareció esta semana en Madrid para reiterar su argumento de que «esta crisis no tiene origen en el mundo laboral y por tanto no hay que buscar soluciones en ese ámbito. Llegamos a esta crisis por un problema financiero, por el precio del dinero, por la burbuja inmobiliaria y la crisis de la construcción, pero no por huelgas o salarios desproporcionados. Así que busquemos soluciones fuera del mundo laboral».
Cuando se le pregunta al comisario europeo de Economía, el español Joaquín Almunia, por el origen de esta crisis lo resume de forma magistral en tres palabras: «Por la avaricia». Poco que añadir a esa sentencia y a la reflexión a la que invita.
Entretanto, los Presupuestos Generales del Estado que presentó Pedro Solbes son «los más austeros de la historia». Aprobarlos es fundamental para la estabilidad del Gobierno y también para el país, porque el recurso de la prórroga de los del 2008, redactados en plena euforia económica, tendría efectos catastróficos sobre la maltrecha economía de las cuentas públicas.
Solbes ha llamado a la contención seriamente y advierte de que «hay cosas que habrá que aplazar y que no podrán hacerse el año que viene». Tampoco eso tiene porque resultar una catástrofe. El caso es salir de este apuro.