El ex líder de Batasuna apenas recibe visitas y su papel dentro de la organización ha quedado relegado frente a los «duros», que apuestan por recrudecer el terrorismo
27 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.«Arnaldo Otegi se acabó con la T-4». La frase, pronunciada hace unos días, es de un alto responsable de las fuerzas de seguridad. El hasta hace un año omnipresente líder de Batasuna languidece en la prisión de Martutene, apartado por completo de la vida pública y olvidado por la izquierda aberzale, que tampoco parece echar en falta al resto de la vieja guardia de la coalición, encarcelada desde octubre. La máxima etarra de «quien entra al mako (prisión) ya no pinta nada» ha vuelto a cumplirse de manera inexorable.
«Es el tiempo de los duros», dicen los mandos de la lucha antiterrorista. La furgoneta bomba que derrumbó el aparcamiento de la nueva T-4 de Barajas y acabó con la vida de Carlos Palate y Diego Estacio no solo puso fin a la tregua, sino que enterró al denominado frente político que encabezaba Otegi. Los pistoleros ganaron cierto debate interno desatado en el Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) y volvieron a coger el timón.
Arnaldo Otegi parece haber aceptado ese obligado alejamiento de la primera fila. La nueva vida del ex portavoz de Batasuna es fiel ejemplo de los nuevos tiempos que soplan en la izquierda aberzale. Las movilizaciones y las palabras altisonantes tras la entrada en prisión de Otegi, de la mesa de Batasuna o de los responsables de Ekin se diluyeron en solo unos días, y al ex líder de la coalición proscrita no le ha quedado otra que aceptar el régimen carcelario y sus rutinas.
Otegi no ha creado un solo problema desde que entró en prisión el 8 de junio. Es más, se ha convertido en un alumno disciplinado. Su prioridad, al menos hasta que el próximo agosto recupere la libertad si no vuelve a ser condenado antes, es el Derecho. El ex portavoz aberzale se ha matriculado en la UNED (ya no es posible seguir en la cárcel los cursos a distancia de la universidad vasca) de las dos asignaturas que le faltan para acabar la carrera. Otros ex dirigentes de Batasuna también se han vuelto a apuntar a la universidad a distancia para aprovechar sus meses entre rejas.
El inglés se ha convertido en el otro gran sustituto de la política. Otegi, junto a otros cuatro presos que nada tienen que ver con el mundo aberzale, ha aceptado la oferta del centro penitenciario para mejorar sus idiomas de forma gratuita y frecuenta los cursillos semanales (no reglados) que imparte una organización no gubernamental en Martutene.
Clases de yoga
Solo Derecho, inglés y familia. Ni siquiera deporte. Arnaldo Otegi ha ganado peso porque «pisa poco el gimnasio de la cárcel» y no ha vuelto a las clases de yoga en las que se inscribió al principio. Tampoco parece interesado en mantener relaciones demasiado estrechas con los otros seis presos condenados por terrorismo de los casi 300 internos que hay en Martutene.
Es cierto que el ex portavoz batasuno comparte paseos esporádicos por el patio con esos seis jóvenes de la violencia callejera encarcelados en el centro, que hacen por ganarse las simpatías del otrora famoso recluso, pero Otegi también se esmera por relacionarse con otros presos comunes, con los que mantiene relaciones igualmente cordiales. En Martutene solo hay dos miembros de ETA, Maite Sagastume y Miren Azkarate, pero al estar en el pabellón de mujeres, Otegi no tiene oportunidad alguna de encontrarse con ellas.
La Audiencia Nacional condenó a Arnaldo Otegi a 15 meses de cárcel por un delito de enaltecimiento del terrorismo por su intervención en el homenaje a un etarra en el año 2003. El fallo fue emitido el pasado 28 de abril.