«Esto ya no es del Pocero, es nuestro»

Natalia Bore

ESPAÑA

Unos seis vecinos están acondicionando ya sus nuevos pisos en la polémica macrourbanización de Seseña, en la que 580 propietarios acaban de recibir las llaves

11 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

SESEÑa | La urbanización El Quiñón o Residencial Francisco Hernando, como su promotor, Paco, el Pocero, la bautizó, llama la atención desde la carretera de Andalucía. Con decenas de grúas elevándose sobre el terreno y miles de viviendas ya construidas, la macrourbanización que hizo famoso al pueblo toledano de Seseña sigue ofreciendo una imagen de ciudad fantasma, pese a que dos semanas atrás 580 propietarios lograron finalmente tener en sus manos las llaves de sus pisos.

Y es que, después de que hace un año, el alcalde, Manuel Fuentes, denunciara el macroproyecto ante la Fiscalía Anticorrupción -sin que aún se haya resuelto nada-, a finales de julio el ayuntamiento otorgó la licencia de primera ocupación a las primeras 580 viviendas de las 5.096 para las que el Pocero tenía concedida licencia de obra, aunque el proyecto de su megaciudad contempla la construcción de un total de 13.508 pisos.

Garantizar los servicios básicos -agua, luz y gas- y las comunicaciones a los futuros vecinos ha sido el argumento del regidor en su enfrentamiento con el promotor, y es el mismo que utiliza para explicar que, igual que ahora se ha concedido licencia de primera ocupación a la fase que sí garantiza esos servicios y suministros esenciales, no se otorgarán más licencias de obra mientras que el proyecto no cumpla lo exigido al respecto en la normativa vigente.

Pero, pese a ello, un gran cartel en el que se puede leer «Residencial Francisco Hernando, la vivienda que sí puedes comprar», da la bienvenida al visitante. «Primera fase vendida», añade el letrero. Y bajo el sol castellano de agosto, El Quiñón despliega los atractivos de urbanización aún sin estrenar: césped cuidadosamente recortado, riego en marcha, grandes fuentes flanqueadas de palmeras todavía con los penachos atados... Lo único que se echa en falta son sus habitantes.

Una ciudad casi desierta

El guarda de seguridad que patrulla las calles del residencial explica que «viviendo, viviendo, no creo que haya nadie aún. Eso sí, de vez en cuando se ve gente trayendo algún mueble». Idéntica versión la ofrece un operario de las obras del colegio que la Consejería de Educación de Castilla-La Mancha está construyendo enfrente del primer bloque de viviendas ya entregadas. «No hay nadie», subraya. Eso sí, esperan que el colegio esté listo para el próximo curso escolar.

Pero en la ciudad desierta levantada por el Pocero comienza a verse, aunque tímidamente, movimiento. Yolanda, que antes residía en Torrejón de Ardoz, saca su coche del garaje y explica que ya se ha trasladado, pero que no hay más de seis o siete vecinos. «He ganado con el cambio en proximidad y calidad, porque trabajo aquí y la casa es mucho mejor», dice sonriente.

En uno de los bajos se puede leer pintado: «Próxima apertura Expert». De momento, nada.

David Pérez y su novia, Raquel Sevilla, también tienen ya las llaves de su piso, con vistas a una piscina que este verano no podrán utilizar, ya que hasta septiembre no se constituirá la comunidad de propietarios que tendrá que organizar el funcionamiento de la urbanización.

Acompañado de su amigo Carlos, David está comenzando a «preparar» su casa. La televisión, un colchón, mesa y sillas para la terraza... Este joven de Carabanchel, que prepara oposiciones a la Policía Nacional, no tiene pensado irse a vivir a Seseña inmediatamente: «Hasta que los accesos no estén mejor, no me atrevo». Aunque afirma, orgulloso, que fue el tercero en escriturar la casa, y respira aliviado después de meses de incertidumbre en los que temió un final menos feliz.

Lluvia Villar es otra de las propietarias, además de secretaria y portavoz de la Asociación de Vecinos Residencial Francisco Hernando, creada en diciembre ante la polémica sobre la urbanización. «Ya me he mudado. Vine la semana pasada con un colchón inflable y estoy feliz, disfrutando de que no haya casi nadie», comenta, para después espetar a quienes dicen que la urbanización está en un secarral si «acaso toda Castilla-La Mancha no lo es». Ella lo tiene claro: El Quiñón es un oasis y «ya no es del Pocero, sino nuestro, nuestras casas». Aunque varios miles de pisos sigan aún en la incertidumbre.