Antonio Padrón es un gallego, natural de Marín, que ocupa el cargo de máximo responsable de seguridad y salvamento en Tenerife, lo que ayer lo obligó a regresar de sus vacaciones en el primer vuelo de la tarde para hacerse cargo de la búsqueda de los desaparecidos. -Una reacción muy común es que, cuando ven el barco de salvamento cerca, los inmigrantes se ponen de pie en la embarcación para llamar la atención. Esto ocasiona que baje la estabilidad, y si encima hay olas es muy probable que pueda volcar como sucedió. La mayoría de ellos no saben nadar. Se les echan chalecos, aros, todo lo que pueda flotar. El que no tuvo la suerte de cogerse a algo flotando, pues... en fin. -¿Qué soluciones plantea? -La propuesta del Gobierno español en la que estamos trabajando es ayudar a estos países a establecer su propio servicio de salvamento, con medios y con formación de profesionales. -¿Cuál es la situación de la inmigración este año? -En los últimos días parece que tenemos un pequeño incremento pero, gracias al Frontex y a los acuerdos con los países de origen, hoy llevamos el 15% de lo que llevábamos en estas fechas el año pasado, en el que rescatamos treinta mil personas. -¿Hay suficientes medios en Tenerife para trabajar en estos casos? -Hoy en día estamos dotados al máximo. Nuestro servicio de salvamento es pionero en Europa en experiencia, en saber hacer, en conocimiento y en medios. -¿Cómo deciden los inmigrantes cuándo es propicio viajar? -Salen a la aventura. Hoy en día no es posible hacer una previsión fiable del tiempo de más de seis días, y ellos vienen en travesías de hasta diez días desde Mauritania, Senegal e, incluso a veces, de más al sur. -¿Los tripulantes de los cayucos tienen experiencia? -No, en absoluto. Les dan un GPS, les dicen que tiren para el norte, y ellos, con un motor de 40 o 50 caballos, se aventuran en medio del mar.