Una de las pistas clave
18 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.Esta será la semana de la mochila número 13. La que portaba la única de las tres bombas que no estallaron en los trenes y que pudo ser desactivada. Es la piedra angular del juicio, que aportó a los investigadores las pistas fundamentales para llegar al núcleo de la trama terrorista del 11-M. Paradójicamente, también se ha convertido en el oscuro objeto del deseo de los valedores de la teoría de la conspiración, porque no fue localizada hasta casi 20 horas después de la tragedia en la comisaría del Puente de Vallecas y hay quien se atreve a insinuar que la tan traída y llevada mochila -en realidad una bolsa de deportes- nunca subió al tren, sino que la fabricaron los conspiradores. La polémica bolsa mochila ya dio bastante que hablar la semana pasada, porque había quien decía que no era posible que nadie la viese en las cuatro revisiones del tren que explotó en la estación del Pozo efectuadas por los tédax, según aseguró el pasado miércoles el inspector jefe de los artificieros. «Si no apareció ninguna mochila sería porque se la habrían llevado antes», aventuró como hipótesis el testigo. Para escándalo de algunos, la bolsa bomba viajó hasta las instalaciones del recinto ferial de Ifema, donde se montó el cuartel general de campaña y se trasladaron, en un primer momento, cadáveres, heridos y restos de todo tipo. Primeras pistas Lo cierto es que la susodicha fue localizada sobre las dos de la madrugada del día 12 de marzo en la comisaría de Vallecas. Los tédax lograron desactivarla y de ella salieron las primeras pistas fiables que condujeron hasta los vendedores de los teléfonos móviles y las tarjetas. Permitieron determinar que el explosivo que contenía era dinamita Goma2 ECO proveniente de la mina Conchita de Asturias, la misma que apareció en la furgoneta Renault Kangoo, que utilizaron parte de los terroristas para trasladarse desde Morata de Tajuña hasta las inmediaciones de la estación de Alcalá de Henares, donde subieron a los trenes. Precisamente, entre los testigos citados para esta semana los únicos que no visten uniforme son el portero de una finca de Alcalá de Henares, que avisó a la policía de la presencia de la furgoneta sospechosa, y dos vecinos de Vicálvaro que trabajaban en una obra próxima a la estación y vieron, una hora después de los atentados, cómo unos individuos se desprendían de unas ropas y las escondían debajo de la caseta de la obra. En esas ropas aparecieron huellas de varios de los ahora acusados. Con este programa, la semana no va a desmerecer en cuanto a interés a la pasada, en la que el protagonista estelar fue el comisario jefe de los tédax, Juan Jesús Sánchez Manzano, que lleva meses en expectativa de destino tras ser sometido a un duro acoso por los medios que sustentan la teoría de la conspiración. Una tarea rematada durante su comparecencia por los abogados de algunas acusaciones, convertidos en defensores de facto de los acusados que se sientan en el banquillo.