Restaurante de sesión continua

Joaquín Merino MADRID

ESPAÑA

Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: Okra Se trata de una de las últimas inauguraciones en esta ya galaxia hostelera que es Madrid, se dirige a la gente guapa y su afán fusionador abarca día y noche, «night and day»...

28 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Acaso la faceta más destacable de Okra (Fernando el Santo, 26, Madrid, tno. 917 023 870) sea el hecho de que abre a diario desde las 13.45 de la tarde hasta las 2 de la madrugada. Su lounge bar ofrece a los noctámbulos música funky, soul, etc., animando a la distinguida clientela a prolongar la sobremesa de las cenas sin agobios, y se postula como lugar de encuentro para los outsiders. También los comensales diurnos pueden beneficiarse de la continuidad horaria, y si bien la cocina es más bien perezosa por lo que se refiere a su apertura para los almuerzos, el bar madruga, ofreciendo cócteles desde las cuatro de la tarde. A esas horas el susodicho lounge se transforma en comedor para fumadores, y la iluminación, obra de Antonio Juara, resulta algo mortecina, quizá por aquello de las «tinieblas exteriores» que para el pecador propugnan los santos evangelios y la ministra Salgado. El de no fumadores da a la calle y es, evidentemente, mucho más alegre y luminoso, aunque en mi opinión el interiorismo resulte demasiado cauto, serio, conservador: puede ser ésta la razón de que entre la gente guapa que ha acudido a la llamada destaque la cúpula más cúpula del PP. El día de mi visita estaba de baja por lesión el jefe de cocina Leonardo Gómez, discípulo de Martín Berasategui (¡toda una rareza!) y Michel Bras, pero llena muy bien el hueco Iñigo Peralta, líder dicharachero, procedente de la Banca, concretamente el Santander, en el que estuvo diez años: dice que su aproximación a la hostelería es «sólo como tripero», aunque inmediatamente después nos anuncie, exultante, la próxima inauguración de otro restaurante madrileño, el Mercado de la Reina, en la calle del mismo nombre, aledaña a la Gran Vía, frente a las espaldas de Chicote y el Cock, ya saben... En cuanto a la gastronomía... los precios son más bien módicos, habida cuenta de la ubicación y la clientela, y la carta, ¿qué quieren que les diga? heterogénea, con fusiones rarillas y la tortura de esos cuchillos de diseño con tendencias antinaturales, ésos que se empeñan en ponerse de pie en vez de tumbados y cuyo manejo constituye una tortura. Pero bueno, comamos: comenzamos con unas cucharaditas de steak tartar y una crema de coliflor prometedoras, nos tentó el carpaccio de atún con helado de wasabi, pero no había, y por lo que se refiere a la crema de puerro con bacalao confitado, 12 euros, el bacalao sabía más a bacalao que el puerro, muy tergiversado, a puerro, haciéndole añorar a uno la rica porrusalda de toda la vida. Muy apetitoso y helénico de look el pulpo a la plancha, 11¿, aunque los etcéteras también le restaban en este caso su sabor originario; espléndida de presentación y textura la corvina asada, 16¿, y sabrosa la carrillera, mismo precio. Algunos exotismos, como la salsa lemon grass o la Maeunt ang aparecen en este contexto algo desplazados. Hay un menú ejecutivo de lunes a viernes a mediodía por 16¿, y aparcacoches para los trasnochadores, que si no...