Entrevista | Juan Lueiro García Este coruñés de vocación internacional será, dentro de un par de semanas, el segundo de a bordo en la embajada española en Angola, donde permanecerá los próximos años
23 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Se declara «producto galaico cien por cien», pero su tierra se le queda pequeña, «como a muchos otros gallegos que se marchan fuera», dice, rotundo. A pesar de su juventud -tiene 36 años-, el coruñés Juan Lueiro García tiene tras de sí una brillante carrera en el ámbito internacional, a la que ahora sumará su destino como segundo de la embajada española en Angola. Licenciado en Derecho, descubrió el mundo de la diplomacia gracias a la casualidad. «Una compañera me comentó que su hermano era diplomático, me interesó y tracé mi estrategia», explica. Una estrategia que le llevó a Bruselas, Nueva York y Oporto para aprender idiomas y completar su formación. En el 2004 aprobó las oposiciones al cuerpo diplomático y Angola será su destino en los próximos dos o tres años. Pese a todo, afirma que su «única casa está en A Coruña», aunque para estrechar el vínculo con su tierra tenga que estar lejos de ella. -Presente usted a Juan Lueiro. -Nací en A Coruña, en 1969. Mis padres son gallegos y prácticamente toda mi familia también. Esto choca un poco con mi profesión, de la que se ha dicho siempre que está muy relacionada con Madrid y los madrileños. Estuve en Galicia hasta los 18 años, y a esa edad me surgió un sentimiento de ahogo y me planteeé la posibilidad de irme a estudiar fuera. La opción era venir a Madrid y tuve la suerte de que mis padres se lo podían permitir. Hice también el servicio militar. Tanto es así, que en mi promoción en la carrera soy el único diplomático que hizo el servicio militar. En Madrid estudié Derecho. Luego volví a A Coruña, con el propósito de buscar una actividad profesional vinculada con mi formación. Pero volvió el sentimiento de ahogo. -¿Se le quedaba pequeña Galicia? -En cierto modo, sí. Galicia casi te obliga a marcharte: nosotros nos ahogamos en Galicia. Creo que el mundo está lleno de gallegos que en algún momento de su vida se han ahogado, se han agobiado. La capacidad de salir voluntariamente de tu tierra no la tiene todo el mundo. Los franceses, por ejemplo, son reacios a irse. Nuestro caso es el contrario, nos vamos sin que nadie nos lo proponga, por decisión propia. -¿Y cómo solucionó el ahogo que le provocaba A Coruña? -Ocurrieron ciertas circunstancias, como la muerte de mi padre en 1997, y acabé marchándome a estudiar a Bruselas, con una beca. Allí trabajé en la Fundación Galicia-Europa, y luego regresé nuevamente. -¿Cómo se decidió por la diplomacia? -Por casualidad. Una compañera de la facultad me dijo que su hermano era diplomático, me gustó y me tracé una estrategia, que comenzó por aprender idiomas. -Y ahora a Angola... -Sí. Yo sostengo que los gallegos somos buenos diplomáticos, por el carácter. Ésta es una profesión especialmente propicia para nosotros, por nuestra capacidad para adaptarnos a todo.