La Justicia atribuye a un error humano el accidente, en el que murieron 19 personas en el 2003 El juez considera «integrado socialmente» al único condenado, que no ingresará en prisión
05 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El Juzgado de lo Penal número 1 de Albacete condenó a dos años de prisión y cuatro de inhabilitación profesional a José Luis Díaz Córcoles, el único acusado por el accidente ferroviario de la localidad albaceteña de Chinchilla, ocurrido en junio del 2003, en el que 19 personas murieron y otras 48 sufrieron heridas al chocar de frente un talgo y un tren de mercancías. La sentencia considera probado que Díaz Córcoles, de 41 años y factor de circulación de la estación de Chinchilla, cometió un error humano al accionar el semáforo en verde para que el talgo que cubría el recorrido Madrid-Cartagena prosiguiera su camino a pesar de que un tren de mercancías circulaba en sentido contrario en una vía única de doble sentido. Por ello, el juez decidió condenarlo por 19 delitos de homicidio por imprudencia grave profesional y por otros 48 delitos de lesiones por el mismo motivo, si bien aplicó la atenuante de reparación del daño, pues al percatarse de su error trató de avisar sin éxito al maquinista del Talgo, que fue una de las víctimas mortales unos pocos minutos después de haber salido de la estación. La sentencia considera que el accidente no se debió a las condiciones de la vía o a un deficiente sistema de comunicación como sostenía la defensa. Se estima responsable civil a la empresa aseguradora Mapfre y a la Administración de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF) -la antigua Renfe- que deberán asumir las indemnizaciones económicas para las víctimas. Éstas serán un 30% superiores a las establecidas en un principio por Mapfre, que tomó como referencia el baremo establecido para los accidentes de tráfico. A pesar de que el juez consideró probado que Díaz Córcoles fue el único responsable de lo ocurrido, resolvió no imponerle una pena superior a los dos años para evitar su ingreso en la cárcel «porque es un hombre integrado socialmente, un trabajador, padre de dos hijos, uno de ellos con minusvalía, y su ingreso en prisión tendría más inconvenientes que ventajas». El abogado defensor, Julián Pérez, se mostró satisfecho ya que había pedido la libre absolución para su cliente bajo los argumentos de que no dio la señal de salida al Talgo y de que las condiciones técnicas de la vía eran deficientes. «Muchas veces mandan las circunstancias y, en ocasiones, es más inteligente dejar las cosas como han quedado», declaró este letrado, quien confesó que su cliente está «hundido psicológicamente».