Rubalcaba promete trabajar por el final del terrorismo respetando la memoria de las víctimas
ESPAÑA
Los nuevos ministros del Gobierno prometieron ayer sus cargos ante el Rey y tomaron luego posesión de sus carteras. Tanto el responsable de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, como los de Defensa, José Antonio Alonso, y Educación, Mercedes Cabrera, anunciaron continuidad respecto a la gestión de sus antecesores. El relevo más significativo es el que sitúa a Rubalcaba al frente del futuro proceso de paz con ETA. El nuevo ministro aseguró que acabar con el terrorismo de ETA y el islamista será su prioridad y prometió trabajar por ello con «firmeza, eficacia, unidad de las fuerzas políticas y memoria de las víctimas». Anunció que comparecerá en el Parlamento a petición propia para explicar sus planes a la Cámara. El ex portavoz parlamentario del PSOE afirmó que seguirá la «hoja de ruta» marcada por su antecesor. «Estamos en el principio del fin», dijo citando la frase que en su día pronunció Zapatero, y aseguró que se ha llegado a esa situación «porque la democracia lo ha hecho bien». Rubalcaba, al que, pese a su experiencia, se pudo ver algo nervioso, afirmó enigmáticamente que el presidente del Gobierno, que no asistió al acto, y la vicepresidenta primera, que sí lo hizo, conocen la «intrahistoria» de su nombramiento y añadió que alguna vez la escribirán. Alonso se dirigió al Ministerio de Defensa para recibir la de ese departamento de manos de José Bono. La contención con la que Alonso asumió su cargo contrastaron con los fastos organizados por Bono en su día para tomar posesión, a los que invitó, entre otras decenas de personas, a cantantes como Raphael o actrices como Concha Velasco. Alonso alabó la labor de Bono, que, dijo, «ha servido a su país y a los ciudadanos con honor, honradez y eficacia». Ante la cúpula militar, Alonso expresó su «absoluto compromiso con España». En esta ocasión, Bono se mantuvo en un segundo plano. Más sencillo aún fue el acto de relevo en el Ministerio de Educación y Cultura. Mercedes Cabrera, visiblemente nerviosa hasta el punto de llamar «viceministra» a la vicepresidenta del Gobierno, consideró «excelente» la ley de educación recién aprobada por su antecesora, María Jesús San Segundo, que tampoco quiso pronunciar un discurso.