Crónica política
29 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Faltan sólo 72 horas para la gran sesión parlamentaria del 2-N sobre el proyecto de Estatuto de Cataluña y la tensión se corta con un cuchillo. «Esto no es una caldera. Esto es un calderón», comenta a La Voz el presidente del Congreso, Manuel Marín . No aclara si «calderón» de cocina, o « Calderón » futbolístico, con Frente Atlético incluido. Hablando en el patio del Palacio de las Cortes, Marín confiesa, señalando a la Carrera de San Jerónimo, que «el primer problema será cruzar esa calle. Y después lo que venga dentro». Por aquella puerta entrarán a pie Maragall , Carod-Rovira y Pujol , invitado en la Delegación de la Generalitat, entre otros rostros identificados con la Cataluña que los obispos españoles, a través de sus emisoras radiofónicas y televisivas, han estigmatizado hasta el máximo, sin misericordia, como «insolidaria» y «separatista». Pero hay más: el diputado Durán i Lleida , portavoz de CiU, se quedó helado la otra noche en su habitación de Madrid al sintonizar Popular TV. En el programa televisivo de Federico Jiménez Losantos , el ex ministro de Franco Ricardo de la Cierva , historiador parcial donde los haya, respondía así a una pregunta sobre si hay masones en el Gobierno de Zapatero : «Sí. El propio Zapatero lo es y ocho ministros más». Y siguió hablando de las logias a las que supuestamente pertenecerían, según narración de un Durán todavía atónito. El «frente nacional mediático» ha identificado ya, por tanto, a los tres grupos que Franco combatió con armas durante la guerra civil española: separatistas, masones y rojos, que serían los que actualmente ocupan el Gobierno o lo apoyan. Y de forma ilegítima, como se encargan de recordar los dirigentes del Partido Popular que peor han digerido la derrota del 14-M. No se puede pedir más para garantizar un enfrentamiento entre comunidades y territorios, como ha advertido Felipe González . Sólo el sentido común de la gente, que suele ser el mejor tesoro de este país, puede impedirlo. «La verdad es que en los últimos tiempos se han dicho muchas tonterías desde todas partes y se podían haber ahorrado provocaciones», critica Manuela de Madre , presidenta de los socialistas catalanes que el martes defenderá en el Congreso la propuesta de Estatuto catalán. Esta onubense de cincuenta años que llegó a Barcelona temerosa a los doce, y que reconoce a La Voz que le duele ser calificada en esas emisoras y en algún otro medio, como «andaluza traidora», es un hallazgo para Maragall. Casi un antídoto de imagen. Catalanista de izquierdas, pero no nacionalista, delineante de profesión y enferma de fibromialgia, según confesó en un libro, es la única voz femenina que se escuchará en un tenso debate por el que se pagarían miles de euros por una invitación si hubiera reventa. Mil peticiones de sonoros nombres para menos de doscientas plazas en las tribunas de invitados. Entretanto, con la desmesura de las palabras desbordada, Mariano Rajoy se esfuerza por apagar el fuego del boicot comercial brindando con cava catalán. Rajoy es, para Puigcercós , de Esquerra Republicana, «bombero y pirómano a la vez»; conceptos aplicables a Carod-Rovira, según Durán i Lleida, cuando declaró, una vez aprobado el Estatuto en Barcelona, que era un punto y seguido hacia la independencia. «Eso lo pensará él pero ni yo, ni la mayoría de los catalanes lo compartimos», señala Durán. «El riesgo -declara a La Voz- es que ahora dediquemos siete meses en Madrid a hablar del Estatuto catalán después de habernos pasado año y medio hablando exclusivamente de lo mismo en Cataluña y sin gobernar. La ciudadanía puede hartarse de los políticos». Tan cierto como que pronto habrá que empezar las crónicas pidiendo excusas por referirse otra vez a lo mismo. Y entretanto, España pierde competitividad y productividad, se suspende el proyecto de AVE Oporto-Vigo que estructuraría la eurorregión atlántica, etcétera. Hasta Fraga podría aprovechar para aplazar indefinidamente su sucesión y nadie se enteraría.