ZP y Gallardón, pararrayos del PP

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

Crónica política

09 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Desde el momento en que el COI dijo sí al proyecto Londres 2012 descartando a Madrid, el aparato eléctrico del PP descargó contra Zapatero . Con esa profesionalidad y precisión con que el PP trabaja, todos los portavoces cercanos a un micrófono -desde Ana Botella como alcaldesa en funciones de Madrid en ese momento a Esperanza Aguirre en Singapur- le echaron la culpa al presidente del Gobierno por no haberse levantado al paso de la bandera americana en un desfile, por retirar las tropas de Irak, etc. En palabras de Mariano Rajoy , «en el exterior, ya nadie se fía de nosotros». Incómodo por ese planificado linchamiento, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, asumió públicamente toda la responsabilidad del fracaso de la candidatura. Quien sepa algo de olimpismo reconocerá que quedar a tres votos de la nominación frente a Londres en la primera intentona, habiendo superado a Nueva York y París, no es un fracaso precisamente. Pero en la guerra política esos son matices ridículos. Lo que importa es ir directo a la yugular. Y Gallardón ofreció la suya. Mariano Rajoy calificó ese gesto como «un detalle generoso», apartando así al alcalde que era un estorbo mediático para el primer linchamiento, el de Zapatero. A las pocas horas comenzaría el suyo, planificado no en el PP nacional pero sí en el madrileño, como ha trascendido. Articulistas y tertulianos afectos han comenzado las tareas de demolición. «El precio del sueño olímpico de Gallardón. Los juegos perdidos por Madrid costarán más de 1.500 millones de euros», titula La Clave , cuando en realidad el proyecto lo heredó de Alvarez del Manzano . Previsiblemente, la ofensiva irá creciendo y después entrará en Telemadrid. Un destacado periodista de la cadena autonómica reconoce a La Voz que cuando Gallardón presidía la Comunidad trabajaron con libertad, pero que ahora están en el circuito de las consignas del poder popular. «El alcalde de Madrid aquí no sale si no es para mal, porque esas son las instrucciones». El Chulito , que es como se conoce al alcalde en el entorno directo de Esperanza Aguirre, no lo tiene fácil. Sacó la cabeza antes de tiempo para sustituir a Aznar y se le ha mostrado toda la animadversión posible desde el aparato del partido. Se agarró a los Juegos como a un salvavidas para seguir a flote en los próximos siete años, pero él mismo acaba de disolver precipitadamente la Oficina Olímpica. Es como decir que no competirá para la nominación del 2016 -de improbable concesión a una ciudad europea por la habitual alternancia de continentes- y que el 2020 es un horizonte demasiado lejano para él. El futuro de Ruiz Gallardón se divisa muy oscuro a pesar de su brillante carrera política y de tener menos de cincuenta años. En realidad, él estaba ahí de paso hacia la presidencia del Gobierno o, como premio de consolación, de paso hacia el efímero liderazgo mundial de alcalde de ciudad olímpica. En parte, su futuro depende de Rajoy, sostienen sus allegados, porque debe decidir si permitirá que lo amarguen hasta que se vaya, que es lo programado, o si lo protege como un activo para conservar la alcaldía de Madrid en mayo del 2007, elecciones significativas para las generales del año siguiente. Falta que él quiera porque está ante la decisión más importante de su vida: seguir en política o abandonar. Mientras eso sucede, en Madrid no se deja de debatir sobre Galicia. En un coloquio que reunió a numerosos catedráticos y rectores esta semana se planteó la legitimidad de los gobiernos en funciones, como la Xunta que aún preside Fraga , para adjudicar proyectos y consolidar a centenares de funcionarios y altos cargos en esas semanas de espera al nuevo gobierno. «A mí, el PP me envió un carta muy clara cuando ganó Fraga, que todavía conservo, sobre cómo quería el proceso de transferencias y advirtiendo que nada de concesiones de última hora», comenta a La Voz el ex presidente de la Xunta Fernando González Laxe , presente en ese coloquio. «Creo que es lo que debería hacerse ahora sin pérdida de tiempo, mandar un recado, para que no quede hipotecado el período de gobierno que presidirá Emilio Pérez Touriño y que yo preveo, por lo menos, de ocho o doce años». Cataluña y el agua Entretanto, en el Partido Socialista, a cuenta de Cataluña, pasan cosas. El PSC, de la mano del ministro Montilla , rebaja el texto del nuevo Estatuto para disgusto de Carod , Mas y el propio Maragall , a fin de disolver los aspectos de dudosa constitucionalidad y hacerlo digerible en Madrid. Aún así, Alfonso Guerra recuerda a Zapatero «que no hay país que resista fragmentar su soberanía» y avisa a todos los navegantes de que «la fiebre por cambiar estatutos puede llega a amenazar la existencia del Estado». Rodríguez Ibarra ruge desde Mérida y se le oye. Pero lo peor para José Luis Rodríguez Zapatero no es nada de lo citado, ni el intento del PP de reabrir la polémica del 11-M a cuenta de los atentados de Londres. Al fin y al cabo, Blair no se ha empeñado en convencer a los británicos de que era el IRA negando las evidencias. Lo peor es que no llueve y que un Gobierno socialista como el de Castilla-La Mancha ha aprobado en el Parlamento regional una moción contra la ministra Cristina Narbona , quien sigue diciendo, textualmente, que «salvo que llueva a mares mantendré el trasvase Tajo-Segura». La situación es grave, pero como decía Eugenio D`Ors , susceptible de empeorar, porque se anuncia sequía de ciclo largo.