Un restaurante sencillo y abigarrado

Joaquín Merino MADRID

ESPAÑA

MARCOS MÍGUEZ

Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: Madrilia La novedad madrileña más bullangera se caracteriza por su carta italiana, su cuidada decoración modernista y sus precios bastante asequibles

13 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Oliver explotó en tiempos de la posmovida, pero ya antes, mucho antes, bajo la égida de un Francisco Franco que se moría lentamente, vivió su flamante «preposmovida» animada por personajes como Antonio Gades, Jorge Fiestas o la Saritísma. Ligoteo multigénero (y hasta multinúmero) y conjuras de salón para el apocalipsis de un régimen¿ Hace un par de años, con aquellas viejas fórmulas ya en acusado declive, llegaron por allí los jóvenes franceses Antoine Melon, Karim Chauvin y Fréderic Fétiveau y le dieron la vuelta como a un calcetín: a partir de entonces se llama Café Oliver y es «otra cosa». Ahora, Antoine, Karim y Frederic han desembarcado en el también preexistente Madrilia (Clavel, 6, tno. 915 239 275) y lo han reconvertido a su imagen y semejanza, previo stage del jefe de cocina Fétiveau en el restaurante Neal Street de Londres, con Antonio Carluccio como maestro, para aprender las más depuradas técnicas de elaboración de la pasta. La carta, redactada en italiano y sin concesiones, puede resultar desconcertante para el público desconocedor de tan dulce y bello idioma, mucho más si las pastas no forman parte de sus prioridades culinarias, y el hecho de que el restaurante esté sumido en la penumbra a la hora de la cena, no ayuda, aunque yo confieso que fui enchufado (los comedores estaban de bote en bote) y me dieron una mesita junto al ventanal, iluminado además por tiras de diminutas bombillas navideñas, de modo que al final pude enterarme a trancas y barrancas de que allí provocan auténtica veneración los linguine (pasta de longitud similar a los spaghetti pero más plana) a la albahaca, así como los bucatini (spaghetti horadado) a la carbonara (salsa de huevo, nata y bacón), ambos a 11 euros. Los pennes son, naturalmente, macarrones gigantes y el pomodoro que los acompañaba, una tranquilizadora salsa de tomate hecha en casa. También les probé, ya puesto, el vitello tonnato (ternera fina con salsa de atún y alcaparras), la caponata (que suena muy bien) y unos embutidos italianos, a saber, coppa, peck, bresaola, mortadella y prosciutto, y la verdad es que todos aquellos misterios estaban sabrosos, animada la gente y animado moi-même . Por cierto, la carta de vinos es cortita pero suficiente para las necesidades de la parroquia, con predominio de los españoles sobre los italianos. De éstos, un blanco Frascati Superiore, a 14 euros, parecía triunfar por las mesas vecinas. Por lo que se refiere a los tintos, hay un Montelpuciano 2002 a 13 euros y, para los más pudientes, un Barolo Gavarini Vigna Chiniera 1999, del Piamonte, a 75. Decoración en blanco y negro tirando a negro, con rojo infiltrado en la cristalería, aforo en dos plantas para 85 comensales bien apretaditos, clausura nocturna demasiado morigerada para lo que se lleva por aquellos lares, aceptable relación calidad-precio, suponiéndose que la media de éste fluctúa entre los 20-25 euros, y menú del día, de lunes a viernes, por 12¿50, IVA, bebida y café incluidos¿ eso viene siendo Madrilia