Zapatero ya no va de «bambi»

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

Crónica política

18 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Desde que Jaime Campmany bautizara como «el bambi leonés» al actual presidente del Gobierno pasó bastante tiempo, pero Zapatero nada hizo por desmentirlo. Sin embargo, el lunes pasado algo cambió. Desde dentro de la Comisión del 11-M y cuando llevaba sólo tres horas de comparecencia, un periodista envió a otro su primera crónica por SMS: «Hoy no vino bambi. Vino el rey león». La contundencia y la claridad con que el presidente se defendió durante doce horas proporcionó, sobre todo a los suyos, una satisfacción largamente esperada. Los socialistas se sentían acorralados por la alianza entre sus errores -venían de quince días de tropiezos- y la acorazada mediática del PP, que sigue bastante intacta aunque se hayan repintado los tanques. La sorpresa fue general para los poco avisados. No es el caso del ex alcalde de Vigo, Carlos Príncipe , por ejemplo, que ya sostenía tiempo atrás que «Zapatero, con esa cara de bueno que gasta, maneja como nadie el cuchillo de desollar». El lunes no hubo cuchillos, pero algunas cosas se pusieron en su sitio con contundencia. Zapatero acusó a su antecesor de «mentir masivamente a la población el 11-M», respondiendo a las acusaciones que se le hicieron una semana antes. Salvo excepciones, los medios no reflejaron la firmeza y la solvencia del presidente --aunque algún diario cercano le hiciera la ola- y para la historia quedará una frase de Eduardo Zaplana que debería figurar en un manual del mal gusto político: «Usted deja el diario de sesiones de esta Cámara sembrado de bombas». Pero, sobre todo, el lunes se produjo un giro en esa actitud entre beatífica y torpe de un sector del Gobierno que haría bien el presidente en remodelar -según opinión cada vez más extendida en el propio PSOE- en cuanto sea posible, porque incluso hay ministros que comenzaron bien pero ya exhiben alguna mancha en el traje. Así, entre los funcionarios de Asuntos Exteriores circula estos día el aserto de que «el crédito político ganado en años se puede perder en 59 segundos». Aún así, uno de los cargos que despachan a diario con Zapatero comenta a La Voz que tiene orden expresa de no dar instrucciones a TVE, RNE o la Agencia Efe. «Por lo menos que dé instrucciones para que los ministros no vayan a determinados programas y de paso que ellas no se fotografien en el Vogue », sostiene un dirigente del Partido Socialista inquieto por la no intervención en la política mediática incluso cuando el telediario de las 9 de TVE cae en audiencia. «Y además -añade- nadie va a creer que el Gobierno no interviene». Donde hay menos dudas sobre si intervino o no es en el intento de asalto al BBVA -el único gran banco español sin accionista de referencia- mediante el caballo de Troya de Sacyr. La creencia generalizada es que la rivalidad de Francisco González con Miguel Sebastián -al que despidió del Servicio de Estudios del banco por escribir análisis que no gustaban a Rodrigo Rato - estuvo en el origen de la operación. Sea como sea, el jueves por la noche las circunstancias hicieron que Zapatero y González tuvieran que compartir mesa ante trescientos diputados, senadores y periodistas. Se celebraba la cena anual de la Asociación de Periodistas Parlamentarios y era la primera vez en su historia que asistía un presidente de Gobierno. Zapatero, que no había faltado nunca como diputado, no falló tampoco en su nueva condición. El protocolo de Moncloa sentó entre ambos a la periodista que preside la asociación, intensamente interrogada sin éxito a la salida sobre la escasa conversación que se produjo entre los dos presidentes. Solo les cazaron algunos intercambios de esta profundidad: «No sabía que fumabas, presidente», dijo González. «Sólo a veces», respondió. Partir España Había sido un día muy duro en la Comisión el 11-M, el peor que recuerdan los periodistas que la siguen desde hace meses. Más todavía que cuando vieron llorar a un general de la Guardia Civil acosado por J aime Ignacio del Burgo . El testimonio de Pilar Manjón , en nombre de los familiares de las víctimas de los trenes, impactó emocionalmente a todo el mundo. Si acaso, habría que exceptuar al diputado popular Martínez Pujalte , que fue capaz de leerse la prensa económica mientras la sala estaba compungida por aquel testimonio. A las pocas horas llegaría el nombramiento de Gregorio Peces- Barba como comisionado y la consiguiente bronquilla política ya prevista. Vienen tiempos en que la idea de partir España en dos -incluso con dos portavoces de las víctimas del terrorismo- se hace realidad con cualquier excusa. Y para ese fin sirve la prolongación de la Comisión del 11-M que Fraga propone, con bastante buen sentido, ir cerrando ya.