El impago de una deuda pudo haber sido el detonante del suceso del pasado sábado Los pistoleros de Puerto Banús podrían ser sicarios de los antiguos países del Este
06 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Con el peluquero italiano afincado en Marbella y el niño sevillano que perdieron la vida en medio de una refriega mafiosa ocurrida el pasado sábado en Puerto Banús son 12 ya las víctimas -cinco mortales y seis heridos de bala- de sucesos violentos acaecidos en lo que va de año en la capital de la Costa del Sol. Las autoridades políticas locales han vuelto a poner el grito en el cielo pero el problema no es nuevo ni este ha sido el peor año de la crónica negra marbellí. El diputado y portavoz andaluz de los verdes, Francisco Garrido, en una iniciativa parlamentaria hecha pública ayer aseguraba que «el número de mafiosos y criminales por metro cuadrado es tan alto en Marbella como el de construcciones ilegales». Pero tal y como recuerda el mismo diputado, «todos prefieren mirar para otro lado y decir como afirmaba Jesús Gil que los ajustes de cuentas son entre profesionales». Marselleses En el suceso del sábado, que paradójicamente se saldó con cuatro víctimas, dos de ellas mortales, de las que sólo una -el guardaespaldas herido- era profesional, han aparecido bastantes indicios que apuntan a que el hecho se enmarca dentro de la guerra que enfrenta a los clanes marselleses por el control del negocio del hachís y de la prostitución. Esta guerra no es nueva. Sus protagonistas son elementos de la segunda generación de la mafia marsellesa -argelinos nacidos en Francia- que se afincó en la Costa del Sol a comienzos de la década de los noventa. A diferencia de la primera generación de marselleses que llegaron a la zona a mediados de los ochenta y que se caracterizaban por su modus operandi silencioso, la segunda, según los expertos policiales consultados, destacó desde el primer momento por el uso de la violencia para hacerse con el control de las redes de distribución de hachís y el negocio de la prostitución, desde las redes de introducción de mujeres extranjeras hasta su explotación en los burdeles de la zona. La muerte a tiros en el año 1996 de un narco francés y su esposa en su residencia marbellí fue el desencadenante de una guerra entre los clanes marselleses que arrojó un balance de 20 mafiosos muertos o desaparecidos. La escalada criminal alcanzó su punto culminante en el año 1999 con 13 muertes violentas en menos de seis meses. Para los ajustes de cuentas suelen contratar sicarios procedentes de los antiguos países del Este que se caracterizan por realizar trabajos bastante chapuzeros. Este pudo ser el caso del suceso del sábado, donde se efectuaron más de un centenar de disparos con armas automáticas -pistolas ametralladoras Uzi o fusil ametrallador Kalasnikov-, sin que finalmente llegasen a alcanzar ninguno de los potenciales objetivos.