El primer blindado que llegó a la plaza del Ayuntamiento de París se llamaba Guadalajara . Lo conducía el vasco Abenza y lo tripulaban Blanco y Baños con Ritter al mando. Lo cuenta el historiador Antonio Vilanova en Los olvidados . Todos ellos, los liberadores de la primera hora, la punta de lanza formada por unos ciento cincuenta españoles republicanos, de un total de 3.500, pertenecían a la Segunda División Blindada del general Philippe Leclerc. Los españoles, los de la Novena, le adoraban, lo que no puede decirse de otros jefes y oficiales franceses. Le acompañaron desde las profundidades de África, desde el Chad hasta Inglaterra para saltar con él al continente. El historiador Pons Padres contó que los primeros disparos que las fuerzas aliadas hicieron en París se efectuaron desde el blindado Ebro. Guernica , Belchit e, Don Quijote , Madrid , Brunete , Teruel , además de Guadalajara se llamaban los vehículos oruga que primero entraron en París. Los bautizaron en Inglaterra poco antes del desembarco en Normandía. «Al mío, a mi autoblindado, le pusimos Don Quijote , porque ese era el papel que estábamos desempeñando desde que salimos de nuestra tierra», explicó Federico Moreno a Pons. El recibimiento a los españoles en el sur de Francia al terminar la guerra civil no pudo ser más inhospitalario. No lo olvidarían nunca. Esos mismos españolitos llegaron al corazón del París apenas liberado de los nazis. Besos de bienvenida Los primeros franceses que los encontraron corrieron a saludar a los tripulantes de los carros de combate: «No hablan muy bien el francés, comentó uno de ellos». «Claro, como que somos españoles». En las cercanías del Arco de Triunfo patrullaban Izquierdo y Piñeiro cuando se les acercó una muchacha. Se los comió a besos. «Eres -le dijo a Piñeiro, el gallego- el primer soldado francés al que beso». Al flemático general Leclerc, una vez firmado el cese del fuego por el general alemán Choltitz, sólo se le ocurrió decir: «Maintenant, ça y est» (ya está). De los 42 soldados de la división muertos en la liberación de la capital gala no figuraba ningún español. Días después el general De Gaulle aparecía en el balcón del Ayuntamiento para pronunciar sus famosas palabras: «¡París ultrajado! ¡París martirizado!. ¡París liberado!» La que le rindió honores en el Arco de Triunfo fue la Novena, la de los españoles. Luego, fueron los olvidados hasta que el 60 aniversario los ha rescatado de las sombras. Tan sólo Roig queda vivo.