EL MERCADO DE LA CORTE
22 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.La coyuntura que permitió a Aznar vencer en el 2000 por mayoría absoluta no es exactamente la misma en la que se desarrollará la campaña electoral del 14-M. Por una parte, los medios de comunicación conservadores tienen que apuntalar la figura de Rajoy sin que el sucesor ponga mucho de su parte. Además, Gallardón, está sacando de quicio a muchos votantes madrileños con su bordillo y otras ocurrencias inaceptables; y, por último, en la Comunidad Valenciana se percibe una gran crispación por el caso Fabra y el duelo Zaplana-Camps. Rato sigue Aunque hay versiones para todos los gustos, una de las razones que explicaría la continuidad de Rato sería que el superministro quiere mantener los resortes del poder para justificar a su manera la evolución de la economía española. Cuando hemos conocido que la deuda de las familias supera los 500.000 millones de euros, récord histórico, y que el endeudamiento crece año tras año, es difícil de explicar que España es ese país de cuarenta millones de ricos al que aludió Aznar en Washington. Y Rajoy puede ganar sin hablar de economía. La hipoteca de Cascos No cabe lectura política en la despedida de Cascos, porque quien fuera artífice de la guerra sucia contra el PSOE entre 1993 y 1996 había sido aparcado por Aznar en un ministerio de segunda división. Su contratación por una empresa privada no será difícil, aunque ningún consultor aconsejaría el fichaje de un gestor que ha ninguneado a sus empleados, adjudicado personalmente kilómetros de infraestructuras y troceado los contratos caprichosamente. Álvarez-Cascos deja España hipotecada por muchos años con sus obras faraónicas.