Reportaje | Ecología Expertos han encontrado rastros en la sierra madrileña y abogan para que se facilite su asentamiento
18 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?arece que las advertencias del pastorcillo mentiroso se están haciendo realidad: el lobo ibérico campea ya a sus anchas por la sierra madrileña. Pero lejos de ser una amenaza como atestigua la fábula, se trata de una noticia muy positiva, pues los expertos calculan que en la actualidad quedan 2.000 ejemplares en España. La caza desmedida, las interacciones con el sector ganadero y, sobre todo, la mala prensa que ha rodeado a este mamífero salvaje desde el comienzo de los tiempos los han llevado casi a la extinción: hace 30 años, apenas quedaban alrededor de 500, reducidos casi exclusivamente al oeste de Castilla y León. Aunque ya se han encontrado signos de su existencia, Guillermo Díaz, biólogo y responsable del departamento de Medio Ambiente de CC.OO. de Madrid se apresura en aclarar que es muy pronto para considerarlo un asentamiento. «No hay camadas fijas. Podríamos decir que no están empadronados aquí, pero, desde luego, se sabe que llegan desde Guadalajara, Soria, Segovia y Ávila, donde las poblaciones de lobos se están recuperando satisfactoriamente», explica. Ante estos indicios, el responsable sindical considera fundamental la adopción de medidas urgentes de «conservación y recuperación» que deberían comprender: «poner en marcha campañas de educación, que desmitifiquen el miedo que se le tiene a esta especie en poblaciones cercanas; crear un fondo de compensación para equilibrar los posibles daños que sufran los ganaderos y legislar su protección para que no se pueda cazar, salvo en situaciones excepcionales». La recuperación del lobo está ligada a que Madrid reúna las condiciones adecuadas que posibiliten un equilibrio ecológico que evite cualquier tipo de exterminio. En este sentido, los naturalistas apuntan a que el futuro Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama sería el hábitat ideal. Guillermo Díaz asegura que hay un proyecto para que fuera el logotipo y su mayor atracción. «Se podría crear un centro monográfico de interpretación de los lobos para un mejor conocimiento de este animal tan castigado por las leyendas», plantea el biólogo, tomando como referencia el Centro de Interpretación Les Loups du Gévaudan, en Lozère, sureste del macizo francés. «Su presencia nos dice cuáles son los ecosistemas de calidad porque no hay que olvidar que el lobo está en la cúspide de la cadena trófica y, por lo tanto, siempre habita donde la naturaleza es más pura y más auténtica. Sólo si no dispone de alimentos en su hábitat, por degradación del mismo, se ve obligado a atacar al ganado», explica Díaz, lavando su imagen. Además, asegura que muchos de los destrozos y daños que se le atribuyen son cometidos por los perros asilvestrados. «A estos sí que habrían que exterminarlos, porque llegan a atacar al hombre, mientras que los lobos huyen y sólo atacan si se sienten amenazados». Para afrontar este desafío, CC.OO. Madrid organizó el pasado mes de marzo las jornadas de Recuperación del lobo de la sierra de Guadarrama y su entorno con el propósito abordar los desafíos de un desarrollo rural compatible con la protección y conservación del rico patrimonio natural, superando viejas fórmulas que ya no sirven. Los resultados de estas charlas, que abordaron el tema desde los más diversos enfoques, han sido publicados en un libro homónimo que se presentará a mediados de febrero en el Museo de Ciencias Naturales. El lobo ibérico se caracteriza por sus largos y puntiagudos dientes caninos o colmillos y sus afilados premolares superiores y molares inferiores. Además, sus clavículas son comparativamente pequeñas. Sus cerebros están altamente desarrollados, por lo que estos animales están considerados más inteligentes que la mayoría de los otros grupos. Su constitución indica su capacidad depredatoria. Las 42 piezas de sus fuertes mandíbulas, su amplia caja torácica y sus voluminosos músculos maseteros, que dan a sus ojos esa caraterística forma almsendrada, son fruto de una pragmática evolución al servicio de sus funciones de depredador. Puede llegar a medir entre 100 y 120 centrímetros, y una alzada en cruz de entre 60 y 70 centímetros. El peso varía entre 30 y 50 kilos, aunque se han encontrado ejemplares de hasta 70 kilogramos. Las hembras tiene unas dimensiones y peso inferiores. A pesar de estos datos, el nuevo vecino es un gran desconocido para la población, que todavía creen en cuentos como Caperucita Roja.