Reportaje | Madrid, un museo al levantar la vista Las obras de prestigiosos escultores presiden las azoteas en los edificios más emblemáticos de la ciudad
24 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Son, en parte, los letreros luminosos de épocas pasadas, dando prestigio y publicidad a los edificios sobre los que están colocados. Pero sobre todo, los numerosos grupos escultóricos que dominan las azoteas de la capital son un inesperado museo al aire libre, anterior en muchos casos al que hay bajo el puente de Juan Bravo. La mitología clásica y la alegoría dominan en la mayoría de estas composiciones. Así sucede en el Tribunal Supremo o en el triple grupo que se asoma sobre el Ministerio de Agricultura. En ese edificio, la Gloria, situada en el centro, blande laureles y palmas rodeada por el Arte y la Ciencia. El grupo fue creado por Agustín Querol, que también decoró parte de la fachada de la cercana Biblioteca Nacional con una alegoría de España premiando a sus hijos. La aristocracia de estas divinidades puede situarse en la «v» que hacen las calles de Alcalá y Gran Vía. Allí se encuentran las figuras más emblemáticas junto a otras que suelen pasar desapercibidas a aquellos que no tienen costumbre de mirar al cielo. La compañía la Unión y el Fénix se encargó de tener al menos tres figuras del Ave Fénix en los altos de la capital, una en la Gran Vía, otra en la Castellana y otra en la calle de Llano Castellano, en Fuencarral, colocada en 1989. La que hoy corona el edificio Gutiérrez Soto, estuvo hasta 1971 en lo alto del edificio Metrópolis. Fue sustituida años después por una Victoria alada, que preside la cúpula del inmueble, decorado también con obras del valenciano Mariano Benlliure. En el edificio de otra compañía aseguradora del paseo de Recoletos aparece una talla de la Aurora que lleva en una mano la antorcha que enciende las primeras luces del día y en la otra las riendas de su cuadriga. La mayoría de estas piezas fueron concebidas como símbolo de compañías u organismos públicos para atribuirles firmeza, fuerza, o seguridad. En parte reclamos publicitarios para atraer a los transeuntes en la época en que no existían los neones. Por otro lado, son obras de arte que en muchos casos han sobrevivido a la razón por las que fueron hechas para convertirse en un hermoso enigma urbano.