Nadie discute a José María Aznar el mérito de haber puesto orden en el Beirut de fracciones irreconciliables que le dejaron sus antecesores en el PP, Antonio Hernández Mancha y Miguel Herrero de Miñón . Auxiliado por Lucas en la Secretaría de Organización, Aznar acabó sin piedad con todos los barones a excepción de Galicia, donde, al amparo de Fraga y Fraga al suyo, sobrevivieron Cacharro Pardo y Baltar mientras crecía Cuiña . Menos clamoroso fue su éxito en la conformación de un partido de centro. Si acaso, el PP ocupó el centro que le dejó la retirada de Felipe Gonzaléz favorecido por el desatino del pacto Almunia-Frutos en las elecciones del 2000. Pero el error socialista y una buena campaña publicitaria le concedieron al PP la etiqueta política de «centro» que, sumada a su condición de partido tradicional de la derecha, le aseguraba por años la victoria en las elecciones. Sólo la llegada de Zapatero con su estilo templado amenazó la propiedad absoluta de esa etiqueta.Pero lo que se ha visto en los últimos nueve meses -decretazo, boda de la hija a modo de tercera infanta, nueva ley de Educación, crisis del Prestige , etc- y, sobre todo, en el último mes con el desgraciado episodio de la guerra, Aznar ha procedido a una auténtica voladura de las posiciones conquistadas en el centro político. El PP vuelve a estar arrinconado en la derecha. Todos los observadores coinciden en que el presidente ha dinamitado los depósitos del voto centrista, el moderado, probablemente el cristiano vista la confrontación con el Papa , y el pacifista. Es tal el desatino en la gobernación del país y del partido en los últimos meses que bien podría aplicársele aquella sentencia de Eurico de la Peña dedicada a Fraga en su día y que hoy resulta más apropiada para Aznar: «Es un político de raza, aunque actúa como esas magníficas vacas lecheras que dan mucha leche de calidad pero que al final le pegan una patada al barreño y la derraman toda por el suelo».A lo que piensan amplios sectores de la militancia y una buena parte de los máximos dirigentes y del Gobierno, le ha puesto voz el histórico Félix Pastor Ridruejo , considerado como el mentor político de José María Aznar . «Ha saltado por los aires la idea de un PP moderado, humanitario y cristiano.» Para este miembro del Comité Ejecutivo Popular, « Bush es una amistad peligrosa, un personaje lamentable en el mundo moderno», y el sucesor de Aznar deberá recomponer la relación con la Unión Europea. Pastor Ridruejo no chochea, como sugiere alguien cercano a Moncloa para desacreditarlo. Tiene setenta y dos años y demuestra un gran sentido común en la entrevista concedida a El Mundo . Aún trata de salvar a Aznar porque cree que «quiso hacerse amigo de los Estados Unidos y no pudo dar marcha atrás». Tiene preferencia por un sucesor y calla su nombre para no perjudicarlo, pero no ahorra elogios para Mariano Rajoy , Ana Pastor y Alberto Ruiz Gallardón .La dirección del PP está en el límite del desespero porque hasta ahora aún quedaba una esperanza largamente publicitada: una guerra rápida y limpia. Hoy ya sabemos que de rápida nada, incluso puede durar meses como advertía en La Voz Fernando Morán . Y en cuanto a lo de limpia, basta con remitirse a los niños masacrados por un misil el pasado viernes o las imágenes de un ciudadano de Basora corriendo con una botella con medio litro de agua, aunque probablemente contaminada, para su familia. En esas condiciones afrontar la campaña electoral es casi imposible y por eso Aznar el sábado por la mañana se presentó inesperadamente a dar ánimos a los candidatos municipales de las principales ciudades. Es un gesto oportuno, pero la forma no puede con el drama de fondo.De entre ellos, el que parece más afectado es Alberto Ruiz Gallardón , candidato a la alcaldía de Madrid oficialmente pero candidato a la presidencia el Gobierno en su fuero interno. En el inicio de la guerra, el joven candidato madrileño quiso aguantar el tipo y seguirle la mano al presidente. Modificó como todos su campaña evitando los actos públicos, pero el otro día, en el Colegio de Arquitectos, se le sublevó un sector del auditorio. A pesar del control de acceso, en cuanto el alcaldable pronunció la palabra «convivencia», un colegiado comenzó a cantar el himno del Osasuna y después el del Atlético de Madrid para terminar coreando «no a la guerra» un sector de los arquitectos con su presidente proclamando que estaba avergonzado y el candidato atribulado. No es para menos. Para ser alcalde de Madrid necesita mayoría absoluta y, aunque cuenta con la ayuda indirecta de Mendiluce , si las elecciones se celebraran hoy, el PP perdería la emblemática alcaldía de Madrid y por supuesto la Comunidad. Mendiluce está en su derecho de encabezar la lista de Los Verdes aunque divida el voto progresista y de destaparse como homosexual a pocas semanas de los comicios, pero no es ético todo eso mientras sigue cobrando como eurodiputado socialista.Las cuentas electorales quizás salían con lo de «guerra rápida y limpia». Pero ya se ve que quien convenció a Bush y Bush a Blair y a Aznar , y Aznar a nadie más, de que los iraquíes les recibirían con los brazos abiertos, no sabía de qué hablaba. Lo único cierto es que ese pueblo desgraciado sufrió primero la sangrienta dictadura de Sadam y los quieren liberar ahora al precio de su vida.