Una exposición organizada por la Residencia de Estudiantes y La Huerta de San Vicente difunde la fecunda trayectoria del hermano del poeta
21 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Diplomático, crítico, novelista de obra inacabada, exiliado en Nueva York, pero sobre todo, fiel apoyo y corrector de su hermano, uno de los mayores genios poéticos de la literatura universal. Así era Francisco García Lorca, siempre eclipsado por el reconociento que acompañó a Federico. La Huerta de San Vicente y la Residencia de Estudiantes pretenden dar a conocer al público su figura a través de una exposición que conmemora el centenario de su nacimiento. Comisariada por Juan Pérez de Ayala, la muestra presenta obras, en muchos casos inéditas, de artistas de la época que mantuvieron un estrecho contacto con él como Salvador Dalí, Manuel Ángeles Ortiz, Antonio Rodríguez Luna, Arturo Souto, Cristóbal Ruiz, José Caballero, José Guerrero o Esteban Vicente, entre otros.A través de fotografías, catálogos, manuscritos, documentos personales, libros y revistas el visitante percibe su extraordinaria labor como crítico, su actividad diplomática en Túnez, Egipto y Bélgica e incluso su dedicación a la enseñanza como profesor en Estados Unidos. Su hija, Laura García-Lorca, que preside la Fundación de La Huerta de San Vicente, fue la encargada de inaugurar este homenaje que permanecerá hasta el próximo 20 de abril.Laura García-Lorca explicó cómo Francisco había decidido mantener parte de su vida a la sombra, en una especie de «exilio interior» que tiene su paralelo con el que tuvo que elegir en Estados Unidos, tras desmoronarse la República Española, con la que él fue diplomático en varios países.Federico siempre dijo que su hermano «era más intligente que él», explicó Pérez de Ayala, por eso le enviaba sus poesías para que se las corrigiera, pues en un principio se interesaba por la música.