Un AVE no apto para todos los bolsillos

J. A. Bravo LÉRIDA

ESPAÑA

LAURENT DOMINIQUE

Con trenes prestados y a medio gas comenzó ayer a rodar el AVE Madrid-Zaragoza-Lérida. Ha costado 5.200 millones, pero a muchas personas podría salirles todavía más caro.

24 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Unos 40 agricultores expropiados por el AVE de Alcarràs, Lérida y Gimenells protestaron durante la mañana de ayer en la estación de tren de la capital del Segrià, lo que retrasó en media hora la salida del primer viaje promocional de la línea Madrid-Zaragoza-Lérida. Los manifestantes se sentaron en las vías, ante la máquina del tren, con una pancarta que rezaba: «Ave Fomento: los que no quieren morir te saludan». Un portavoz de los expropiados explicó que el objetivo de la protesta era «denunciar la situación en la que se encuentran los afectados después de que Hacienda nos reclame ahora el IRPF de las expropiaciones del AVE de 1996». Las cantidades van desde los 10 a los 25 millones de pesetas. Y es que el impacto económico de la alta velocidad no siempre es positivo. Los precios de la segunda línea del AVE distan bastante de ser competitivos respecto al margen de tiempo ganado sobre los transportes convencionales. Un ciudadano que quiera ir de Madrid a Lérida (o viceversa) deberá abonar ahora 54 euros, que subirán a 60 cuando el material rodante pueda alcanzar su velocidad máxima. Esta consideración también afecta a las tarifas previstas por ahora para los trayectos desde la capital del país hasta Guadalajara (15 euros), Calatayud (31) y Zaragoza (43), o para las conexiones con Barcelona (59) y Pamplona (46). Aunque los ahorros de tiempo respecto a los márgenes actuales serán evidentes (una hora y cuarto menos hasta la capital maña, casi dos horas en el caso de la ciudad ilerdense y Barcelona), para muchos ciudadanos los precios son caros. Según algunos partidos políticos, las tarifas se encarecen un 20% respecto al trayecto Madrid-Sevilla, aunque el Gobierno lo niega. Y eso que durante bastantes meses el nuevo AVE no actuará como tal, al tener que circular por debajo de los 200 kilómetros por hora, 100 menos que su antecesor andaluz. La misma queja llega desde la clase empresarial de las ciudades tocadas por la varita mágica del AVE, que esperan que el ministerio y Renfe atiendan a sus razones para bajar algo los precios, o bien, ofrecer una amplia variedad de descuentos a sus clientes cuando la línea se abra al público dentro de dos meses. De lo contrario, sus planes para crear nuevos centros de negocio, industrias, urbanizaciones residenciales o puntos turísticos podrían frustrarse en parte. El tren que pretende revolucionar las conexiones interterritoriales en España, cuyo coste ha superado con creces el presupuesto inicial hasta alcanzar los 5.200 millones de euros, nace en medio de una controversia notable: mermado en sus posibilidades, con distintas denuncias sobre sus fallos y estaciones aún en obras. Quizá por ello, el titular de Fomento, Álvarez Cascos, no asistió ayer al viaje promocional. El ministro, que inauguró varios tramos de carretera en Galicia, se excusó diciendo que lo mismo hizo el PSOE en 1992.