DESDE EL CENTRO
02 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.HEMOS AGOTADO el verano con dos reiterados «culebrones»: la ilegalización de Batasuna y el fichaje de Ronaldo. Los dos asuntos han sido tan machacados que inevitablemente volvemos exhaustos por ambas zozobras. ¿De qué vamos a hablar a partir de ahora?; pues de lo mismo. Es cierto que Ronaldo ya es «merengue» y que el Gobierno presenta hoy mismo ante el Tribunal Supremo los «mil elementos de prueba» contra Batasuna, pero nada está cerrado. Lo importante queda por llegar: ¿respaldarán los jueces el deseo mayoritario del Parlamento de ilegalizar a los radicales?; ¿romperá Ronaldo la armonía de la plantilla madridista? Para lo primero habrá que esperar entre 4 y 6 meses, aunque dada la poca celeridad de nuestra Justicia a lo mejor volvemos a embarcarnos en nuestras colchonetas marineras, dentro de casi un año, con la duda todavía metida en el cuerpo. Lo único claro es que, debido a las medidas cautelares del juez Garzón, Batasuna no podrá presentarse a las próximas elecciones municipales. La manifestación, convocada para finales de esta semana, servirá para desvelar la reacción de los votantes de la coalición: si son pocos significará que los partidarios del «tiro por la nuca» son afortunadamente escasos; si son muchos (más de 30 mil) nos podemos temer más violencia, aunque a ETA le importe una higa el número de votos o manifestantes. Al PNV, que rechaza la ilegalización, habría que preguntarles lo que harían si oyen que un vecino maltrata reiteradamente a su pareja: ¿lo denunciarían?, o ¿esperarían tranquilamente «para no tener líos en la escalera»? Es hora de reflexión para jueces y nacionalistas. En cuanto a Ronaldo, lo único claro es que Florentino es un lince para entusiasmar a la afición. Va camino de convertirse en el nuevo Bernabeu; la única duda es si habrá metido «un gallo en corral ajeno» y si la rodilla del monstruo aguanta. En fin, que con la llegada a puerto nos queda más de lo mismo por cavilar.