Un rival repleto de exiliados

PABLO GONZÁLEZ Eire no puede disfrutar en casa de sus mejores futbolistas ,

ESPAÑA

PHILIPPE HUGHEN

Irlanda fue hasta hace poco un pueblo emigrante. En fútbol, aún lo es. La inmensa mayoría de sus jugadores desarrolla su actividad profesional en el Reino Unido y la liga autóctona está completamente devaluada. A pesar de un pasado de odios ancestrales, no es extraño ver irlandeses que apoyan febrilmente al Manchester o al Liverpool y las simpatías se deslizan a menudo a aquellos equipos que cuentan con más hombres de la tierra. Quizás por esto, los partidos de los hombres de verde se viven con una intensidad especial, en un país privado el resto del año de sus mejores futbolistas. Tras el 3-0 contra Arabia Saudí y el paso a los octavos de final en el bolsillo, los hospitales de Irlanda registraron una avalancha de ingresos por lo que el diario The Guardian calificó de «alegría incontrolada». La imposibilidad para festejar triunfos de equipos ligueros provoca explosiones de satisfacción similares a las de una olla a presión sin aliviaderos. En el hospital de Cork, por ejemplo, un responsable de Urgencias constataba la gran cantidad de heridos que estaban atendiendo por excederse en los saltos que daban frente al televisor. Tras el partido, fueron pocos los que volvieron a trabajar y la irlandesa Grainne Crehan confirma que muchos que lo hicieron «llevaban unas guinness de más». El fútbol se adereza con la bebida nacional y en pocos países se comprende tan bien una vuelta al trabajo con un exceso de confianza alcohólica. Irlanda es una nación joven. El nacionalismo que fraguó la independencia de Inglaterra sigue presente en un país con apenas 80 años. Y ese nacionalismo explica que, después del partido contra Arabia, un ilusionado y bonachón irlandés decidiera pintar su casa con los colores de la bandera irlandesa. O que los viajes a Corea y Japón se vendieran por la calle cinco meses antes de la cita. Y todo esto en un país donde los deportes autóctonos ¿el fútbol gaélico y el hurling¿ tienen mucha pegada. Recientemente, la Asociación Atlética Gaélica prohibía la práctica del fútbol y del rugby en sus canchas por considerarlos deportes ¿extranjeros¿ . El universo irlandés es tan complejo como fascinante. Las dos irlandas están perfectamente reflejadas en esta selección. Muchos de los que salen al campo sólo son hijos de irlandeses y Eire es para ellos un país idealizado. La nueva Irlanda tecnológica y exitosa está reflejada en tipos como Roy Keane, que provocó su expulsión de la concentración por considerarla poco seria. La vieja Irlanda apostó por la idea de que el equipo está por encima de los individuos. La Irlanda joven se alineó con la profesionalidad individual de Keane. Algunos, además, están de acuerdo con el crack irlandés: el seleccionador MacCarthy es demasiado inglés. Y un triunfo contra España sólo podría superarse con una soberana paliza a Inglaterra.