El «Eurofighter» no despega

Javier Armesto Andrés
JAVIER ARMESTO A CORUÑA

ESPAÑA

Limitaciones industriales, económicas y militares cuestionan el proyecto El Ejército español recibirá la proxima primavera las dos primeras unidades del avión europeo de combate, en cuyo proyecto invertirá 6.010 millones de euros (casi un billón de pesetas) hasta el año 2014. El «Eurofighter», cuya silueta pudo contemplarse por primera vez en Madrid en el desfile de la Fuerzas Armadas, es sin embargo un aparato muy discutido en términos industriales, económicos y militares. Los recortes de presupuesto han mermado su operatividad y el Ministerio de Defensa se vio obligado en su día a reducir el pedido a 87 unidades.

16 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

En 1983, los ministros de Defensa de España, Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia empezaron las negociaciones sobre el nuevo avión de combate europeo. Las primeras diferencias surgieron sobre el tonelaje del aparato. Pero el golpe más duro lo asestó Francia en 1988, cuando se salió del proyecto y decidió impulsar su propio avión, el Rafale. Los otros cuatro socios decidieron seguir con el Eurofighter, pese al aumento de la carga presupuestaria. A principios de los 90 se producen algunos acontecimientos que ponen en cuestión la continuidad del programa: el final de la Guerra Fría y la unificación de las dos Alemanias, así como dificultades técnicas en el desarrollo de ciertos componentes. Ello hizo que se redujera el pedido inicial entre los socios. De 760 unidades se pasó a 620: 332 para el Reino Unido, 180 para Alemania, 121 para Italia y 87 para España (71 monoplazas y 16 biplazas). El gobierno germano sugirió en junio de 1992 el abandono del proyecto. Para evitarlo se propuso abaratar el coste del avión en un 30% y dejarlo en 51 millones de euros por aparato (8.500 millones de pesetas), lo que ha limitado técnicamente el avión. Económicamente, el Eurofighter ha supuesto una sangría para el presupuesto español. En los últimos años ha absorbido la mitad de los gastos de I+D de Defensa y el 20% del total del gasto público en investigación. Aunque también hay que tener en cuenta las 12.000 personas que trabajan para las compañías contratistas (las principales son CASA e ITP). La última incógnita es la viabilidad militar. El proyecto surgió en la segunda mitad de los años 70, durante la Guerra Fría, pero ahora la utilidad del aparato se limita a las llamadas «acciones de paz». Muy poco para un avión que lleva dando tanta guerra.