Nadie quiere al «asesino samurai»

La Voz

ESPAÑA

SOLEDAD MICHELENA CRÓNICA La familia del menor rechaza su tutela

28 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

OSEFINA Rabadán, tía materna del joven asesino, que en principio se había mostrado interesada en ser la tutora del menor, rechazó finalmente asumir el papel en una segunda comparecencia ante el juzgado, el pasado día 25, alegando problemas personales y de salud. Antes que ella, ya se habían excusado otros dos tíos del chico. La negativa definitiva de la familia obligará, con seguridad, a la comunidad autónoma de Murcia a hacerse cargo de J.R.P., tal como propuso la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Murcia el pasado día 22. Los tribunales deben tomar la decidisión. El joven, que ahora tiene 17 años, permanece ingresado en un hospital psiquiátrico a la espera de sentencia tras ser juzgado a puerta cerrada el pasado 9 de abril. El fiscal pide para él tres penas de ocho años de internamiento en un centro de salud mental por otros tantos asesinatos. El rechazo hacia él no se produce sólo en el seno familiar. Cuando, en cumplimiento de la polémica Ley del Menor, J.R. quedó en libertad tras pasar seis meses en prisión provisional en espera de juicio, los vecinos del edificio donde vivía con su familia amenazaron con abandonar sus casas si el asesino volvía a pisar el portal. La supuesta «alarma social» que provocaría su presencia en su antiguo barrio sólo dejó a J.R.P. disfrutar de siete días de libertad ya que se vio obligado a regresar al centro educativo La Zarza, donde fue sometido a estudios psiquiátricos y psicológicos. Sus abogados creen que nunca podrá rehacer su vida en Murcia, donde su figura está demasiado estigmatizada. Además, en cualquier lugar de España tendría que cambiar de imagen ya que su fotografía se reprodujo en la mayor parte de los periódicos del país. Su rostro juvenil quedó grabado en muchas mentes, asociado a un terrible crimen difícil de olvidar, hermanado para siempre a héroes virtuales de los juegos de ordenador, a los que era aficionado y de los que copió hasta el peinado. Ahora que está tan solo en el mundo como los protagonistas de sus historias de ficción, también desprovistos de familia, J.R. sólo encuentra comprensión en sus abogados. Ante uno de ellos se puso a llorar cuando éste le dio el pésame nada más entablar contacto con él. Se había sentido, por primera vez en mucho tiempo, le confesó, como un ser humano y no como un monstruo sin opción al perdón. Su ejemplo, de contrahéroe frío, por encima del bien y del mal, fue adoptado por Iria S.G. y Raquel T.C., las adolescentes que asesinaron a Clara García, su antigua amiga y compañera de instituto, en San Fernando (Cádiz). A la hora de matar compitieron en crueldad. Ellas asestaron 25 puñaladas a su víctima. Él causó casi un centenar de heridas en los cuerpos de su padre, madre y hermana, una niña deficiente de once años, para echarlos de su vida a golpes de catana, la espada que le había regalado su propio padre. Iria y Raquel fueron condenadas a una pena de ocho años de encierro en un centro especializado y a cinco años de libertad vigilada. Mientras no se resuelvan los recursos presentados por sus abogados a la sentencia, ambas permanecen internas, por propia voluntad, en centros especializados, un período transitorio que se les computará como parte de la condena que deberán cumplir en el futuro.