Una atípica jornada de reflexión

La Voz BILBAO.

ESPAÑA

CHEMA MOYA

El último atentado de ETA y un sofocante calor marcaron un día de gran expectación por lo que puede suceder en las urnas PABLO GONZÁLEZ Enviado especial

12 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Las escaleras del Ayuntamiento de Bilbao son un manifestódromo privilegiado. Estos días acogió silencios por las víctimas, a unos protestones vecinos que no quieren antenas para móviles y a los familiares de los presos, que se pasaron un día entero en los escalones. Ayer estaban vacíos. Quizás porque era día de reflexión o más bien porque el sofocante calor que ayer derretía las láminas de titanio del Guggenheim no es buen amigo de las protestas. El último atentado de ETA fue el condicionante de esta jornada, que en otros lugares no da más que para contar alguna extravagancia de los candidatos ociosos. En un bar del casco viejo, un ciudadano, entre sorbo y sorbo de txakoli, reaccionaba ante las caras ensagrentadas de la bomba de Madrid. «Ya les vale», decía. «Y a ver lo que hacen mañana», le replicaba tras la barra un orondo vasco con bigote decimonónico. La gente cumplió con el reclamo de las terrazas en un día casi estival. Y los políticos, con los paseos. Liberado de la corbata, Nicolás Redondo paseaba por su feudo de Santurtzi como un duque por sus dominios. Todos se hicieron rodear de sus familias, aunque el atentado de Madrid les obligara de nuevo a ponerse delante de los micrófonos. Como si la larguísima campaña no permitiera ni este parón que prescriben las democracias para la buena salud de las urnas. Algunos criticaron que Juan José Ibarretxe fuera el que menos variara su agenda. En su página web, el lehendakari en funciones invitaba a reflexionar a los vascos en clave muy electoral. «Recuerde los grandes logros de 20 años de gobierno nacionalista, lea el programa y conozca mejor a los candidatos». La pregunta es si en más dos meses de campaña extraoficial no se ha tenido tiempo de hacer todo esto. El vasco es un pueblo acostumbrado a que los avatares políticos no condicionen demasiado su sagrada idea del buen vivir, pero la expectación por lo que puede suceder hoy es inevitable. En otro bar del casco antiguo, una cadena de televisión ofrecía un resumen de la campaña. En uno de los vídeos aparecía el candidato de EH, Antton Morcillo, diciendo aquello de que «los españoles que se están censando no tienen derecho a votar aquí». La camarera se quedó mirando para la televisión con el ceño fruncido. Se fue a la barra y con un maravilloso acento andaluz pidió que le preparan un par de cafés.