Los nacionalistas mandan en Vitoria desde hace 20 años
11 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.IECISIETE años después de la escisión entre el entonces lehendakari, Carlos Garaikoetxea, y el aparato del PNV, el ala democrática del nacionalismo vasco se reúne de nuevo para repeler el principal ataque en las urnas de su historia centenaria. Los herederos de Sabino Arana, la formación que resistió a las dictaduras de Franco y Primo de Rivera, se enfrentan a algo más que un posible relevo al frente de un gobierno que jamás han abandonado. Para el PNV han sido muchos años de apuesta por la vía autonomista, entendida por sus principales dirigentes como mal menor, con la esperanza puesta en una Europa de las regiones. Fue precisamente esta apuesta la que provocó la escisión que dio origen a Eusko Alkartasuna -la militancia navarra jamás aceptó un pacto que daba a la derecha el Gobierno foral-. La firma, en 1998, del Pacto de Lizarra, supuso un cambio histórico. De la mano del MLNV, el PNV se decantó por una solución que acercaba la paz y aceleraba el proceso de independencia. Ello ha traído también una nueva semántica, en la que las palabras soberanismo y territorialidad aportan un gran simbolismo y representan, de facto, una gran victoria de la izquierda aberzale. El PNV puede perder el Gobierno. Ello no es poco para un partido que en su historia ha hecho todo tipo de filigranas postelectorales para mantener parcelas de poder en las diferentes administraciones. Sucede, además, que el PNV puede perder también su propio norte. Una derrota, además de ser dolorosa, desencadenaría un gran conflicto interno entre quienes lanzaron el órdago de Lizarra y los que anteponen el fin de la violencia de ETA a cualquier aspiración secesionista. La coalición PNV-EA también puede ganar. Lo dicen las encuestas y la historia. Entonces se impondrían las tesis de los Arzalluz y Egibar y la formación trataría de una vez por todas de alcanzar sus tres objetivos primordiales: Acabar con el terrorismo de ETA, intentando que el MLNV apostase por vías políticas; liderar el nacionalismo vasco hacia la independencia y frenar el relevo generacional que se viene produciendo en favor de las diversas organizaciones de la izquierda radical. Las urnas pueden deparar también escenarios intermedios, como un gobierno con el PSE o una nueva legislatura en minoría con la amenaza de otras elecciones.