Bodas, devaneos y amantes despechados

PABLO GONZÁLEZ Enviado especial BILBAO

ESPAÑA

Los candidatos arrinconaron el sentido del humor en una campaña que tuvo el tono de una ceremonia nupcial En quince días hubo tiempo para que en el Kursaal se ensayara una boda entre PP y PSOE, que PNV repudiara sus relaciones «incestuosas» con EH y que IU mostrase su fidelidad obsesiva a los restos del menage a trois llamado Pacto de Lizarra. Todo, aderezado con poco humor. No se toma a broma eso de hacer historia.

11 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La campaña que terminó ayer tuvo el tono de una «ceremonia nupcial», como llaman los nacionalistas al acto de ¡Basta Ya! para unir a PP y PSOE. Ahora, los vascos se dividen entre un «todo seguirá igual» y un «habrá sorpresa». Los socialistas de base derrocharon saliva en explicar que «eso de izquierda-derecha aquí no tiene sentido». En el PSOE más duro con el nacionalismo se vio como una «intromisión» los devaneos de Felipe González con el PNV. Como en un vodevil, el PSOE jugó a dos bandas y su nostalgia por su relación con los nacionalistas halló abrigo en Atutxa. Redondo podría haber recibido el premio al que menos cambió. Su frase más gastada fue su llamada a «superar las siglas» y, pese a todo, su afición fue de las más entusiastas. El PP se ciñó al guión. Mayor Oreja mostró su capacidad de sacrificio por su pareja socialista cuando rechazó los votos que le daría el vis a vis con Ibarretxe. Su frase preferida fue la de «rebelión democrática» y sus mítines batieron el récord en seguridad. Fue una campaña en la que todos eran conscientes de que hacían historia, así que faltó el valor desdramatizador del humor. Madrazo fue la víctima de más chistes, por empeñarse en el menage a trois de Lizarra, fórmula en la que, según Redondo, era el «tonto útil». Tanto le gusta al candidato de IU la cosa que propone un gobierno PNV-PSOE-IU. Ibarretxe, blanco de chascarrillos por su parecido con un ser intergaláctico, protagonizó un largo parto con cesárea final. Prometió que no volvería a ser tentado por sus primos díscolos de EH. En el estrado, Ibarretxe puso cara de bueno, acosado por los misiles de la Brunete mediática. Sus mítines registraron el mayor número de txapelas por metro cuadrado. Arnaldo Otegi cultivó su imagen de amante despechado por el PNV. Sus actos fueron los más litúrgicos. Escenografía clásica: fotos de presos, puños en alto e himno. Y a veces, olor a chamusquina. De la quema de banderas, se entiende.