El pacto con Euskal Herritarrok ha marcado el destino de su accidentada legislatura Apenas ha completado la mitad de la legislatura, gobierna en minoría desde hace meses y ha tenido que prorrogar los presupuestos ante la imposibilidad de sacar adelante unos nuevos. Juan José Ibarretxe heredó un país en tregua y dos años después tiene más de veinte muertos sobre la mesa. En su curriculum quedan el fracasado pacto con Euskal Herritarok y las innumerables rondas de contactos -hasta siete ha llegado a iniciar- con las que pensaba solucionar el problema vasco. «Hay que hablar», mantenía el «lehendakari» cada vez que ETA cometía un asesinato. Ahora, el pueblo hablará en las urnas.
12 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Investido por EH. El 29 de diciembre de 1998, el Parlamento vasco aprobó el nombramiento de Juan José Ibarretxe como lehendakari. PNV y EA no tenían mayoría suficiente -suman 27 escaños entre ambos partidos y se necesitan 38-, por lo que la investidura fue posible gracias a los votos de Euskal Herritarrok. Gobernar con los violentos. El día de su toma de posesión, en la que le dieron plantón los miembros de EH, Ibarretxe dijo textualmente: «No gobernaré con quienes no condenan la violencia». Sólo tardó cuatro meses en incumplir su promesa, pese al aumento de la kale borroka impulsada desde el mundo aberzale: Interior registró más de una acción violenta al día. El acuerdo de legislatura se firmó el 24 de abril de 1999. Arnaldo Otegi justificó su apoyo a Ibarretxe como «una apuesta de futuro por la soberanía y la territorialidad de Euskal Herria». Presupuestos «aberzales». El precio del pacto se desveló en diciembre: los presupuestos asignaban partidas económicas para Udalbiltza -la asamblea de municipios vascos, constituida a instancias de EH en febrero de 1999- y la asociación de familiares de presos de ETA Senideak. «Suspense» con el pacto. El 20 de enero de 2000, ETA hizo efectiva la ruptura de la tregua al asesinar al teniente coronel Pedro Antonio Blanco, en Madrid. EH no condenó el atentado, pero Ibarretxe no rompió el pacto que le unía a la formación aberzale. Lo dejó simplemente «en suspenso». Ruptura tarde y a rastras. Tuvo que haber otros dos muertos sobre la mesa -el parlamentario socialista Fernando Buesa y su escolta, el ertzaina Jorge Díez- para que el lehendakari se decidiera a dar por finiquitado el pacto. Sin embargo, siguió recibiendo el apoyo de EH durante las votaciones parlamentarias. Abandonado por EH. El pasado 9 de septiembre, EH decididó abandonar el Parlamento vasco, con lo que dejaba en minoría al lehendakari. Éste anunció, dos días después, que rompía relaciones con la plataforma aberzale. Para entonces, ETA había matado ya a doce personas. Empecinado en el cargo. El jefe del Gobierno vasco se ha visto obligado a prorrogar los presupuestos, medida inédita en la historia del Ejecutivo de Vitoria.