Exige a los aspirantes a la secretaría general que dejen de mirarse al ombligo y ofrezcan soluciones a los problemas de la sociedad «El partido tiene un problema de endogamia creciente». Felipe González diagnosticó ayer, durante un encuentro socialista en Madrid, el cuadro clínico que afecta al PSOE a dos meses del congreso federal del que ha de salir la nueva dirección. El ex-secretario general socialista previno a candidatos, aspirantes y familias de la formación del puño y la rosa del riesgo de olvidar que un partido debe ofrecer soluciones a los problemas concretos de los ciudadanos, en lugar de mirarse el ombligo. González pidió una nueva ejecutiva homogénea e «incluyente», que no sea el fruto de pactos «tribales o territoriales».
20 may 2000 . Actualizado a las 07:00 h.El de González fue un rapapolvo vestido de reflexión sobre la crisis interna que aqueja al partido. Irritado por las críticas cruzadas entre candidatos reales y virtuales, y por la entrada en liza de las distintas familias _guerristas, borrellistas..._, el ex-presidente del Gobierno expuso, sin mencionar un solo nombre, el principal problema al que deben hacer frente los dirigentes presentes y futuros del partido.«El partido tiene un problema de endogamia creciente. Esto no es útil nunca. Lo he visto en muchas organizaciones políticas en las que he estado», señaló. «Con el mal de las endogamias _continuó_ se establece una especie de competición para ver quién es más novedoso. Todos hablan de democratizar, de modernizar». Ante esta situación, lo que hay que hacer es recobrar el contacto con la realidad de la calle y «conversar con la gente».RespuestasEs ahí _dijo González, en una alusión genérica a José Bono, Rosa Díez, José Luis Rodríguez Zapatero, Matilde Fernández y otros_ donde un candidato debe demostrar su idoneidad para dirigir el partido: en las respuestas que ofrece para solucionar los problemas concretos de la ciudadanía y no en la defensa de determinadas banderas ideológicas u organizativas para el partido socialista.«¿De qué se preocupa la gente?», se preguntó. En su respuesta incluyó los horarios de los comercios, las telecomunicaciones, el euro, la caída de la Bolsa... «Yo quiero saber a quién tengo que votar por las respuestas que den a los problemas de los ciudadanos, no por lo que digan que son cada uno de los candidatos o candidatas», subrayó. Y si no tienen respuestas que dar, se califiquen como se califiquen, «no son nada para mí», sentenció.A pesar de que casi todos los que aspiran o lo harán en el futuro a dirigir la ejecutiva socialista piensan en González como presidente del partido, en sustitución del fallecido Ramón Rubial, él no aspira a ese cargo ni a ninguno. «Cuando afirmo que no soy candidato, sólo significa eso. Lo demás son interpretaciones equivocadas. No lo soy a nada. Esto se interpreta como en el pasado congreso, cuando dije en pocas palabras `no soy candidato a la secretaría general''. Un código interpretativo más simple no se puede tener», ironizó.Dirección «incluyente»Al término del encuentro que reunió el viernes y el sábado en Madrid a los participantes del llamado grupo Delors, de análisis europeo, González abundó en sus reflexiones de futuro sobre el PSOE, que debería, dijo, tener una dirección homogénea e «incluyente». Que es justo lo contrario _aclaró_ de un equipo resultante de «pactos más o menos tribales o territoriales».«Necesitamos una secretaría general que esté legitimada en el congreso y un equipo de dirección que ponga orden. La ejecutiva _añadió_ debe ser homogénea; no interesa que sea por aclamación».