¡Qué mala persona!

> Ana T. Jack

ESCUELA

Enseñar a querer a los animales puede resultar de gran ayuda educativa
Enseñar a querer a los animales puede resultar de gran ayuda educativa CAP_TAIN TOM

Cómo transformar actitudes de insensibilidad y crueldad en conductas aceptables

04 abr 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Una madre le comenta a otra a la entrada del colegio: «Ayer descubrí una faceta de mi hija Tamara que a mi marido y a mí nos ha dejado muy preocupados. Estábamos en la piscina cubierta celebrando su cumpleaños con sus amigos de 5.º de primaria. Todos se bañaban excepto mi sobrino Roque, de 6 años, que no quería meterse en la piscina porque le daba un poco de miedo y la verdad es que apenas sabe nadar. Pues de repente mi hija, con una sonrisa de oreja a oreja, agarró por el tobillo a Roque, lo lanzó al agua y le hundió la cabeza con ambas manos. Me lancé de inmediato y saqué al pequeño lo más rápido que pude. Lo que me preocupa es que Tamara se justificó diciendo que solo quería gastarle una broma a su primo y no parecía para nada afectada ni consciente de la gravedad del asunto. El pobre Roque, del susto que le quedó en el cuerpo, no dejó de llorar en toda la tarde».

Esta anécdota, que demuestra hasta qué punto en ocasiones los niños se muestran insensibles y egoístas con los demás, no representa un caso excepcional. Basta con ser testigo de la espontaneidad de los escolares a la hora del recreo para escuchar lindezas del tipo «Oye, gordo, no molestes», «Lárgate, que eres un marica» o «Aléjate de nosotras, que nos caes mal»…

¿Pero por qué son crueles algunos niños? La explicación hay que buscarla en los estadios de desarrollo moral, tan bien descritos por Kohlberg, que sitúan a los niños más pequeños en una etapa de inmadurez moral que les impide ponerse en la piel del otro. Poco a poco, sobre todo a partir de los 10 años, los niños comprenden la necesidad de respetar los derechos de los demás, no sólo por el miedo al castigo, sino por convencimiento moral. La preocupación de cualquier educador debería aparecer cuando, a pesar de la madurez cronológica e intelectual, no existe una evolución en el plano ético. Algunas razones para explicar un comportamiento egoísta e insensible con los demás pueden ser, por ejemplo:

  • Falta de empatía. No comprende los sentimientos de los demás cuando les hace daño, no es capaz de ponerse en su lugar. Esto indica la existencia de una torpeza emocional que es necesario trabajar.
  • Falta de autoestima. Se siente poco valorado, por eso intenta ridiculizar o hacer sufrir a los demás. Burlarse de otros le hace sentirse (al menos durante un rato) superior.
  • Deseo de venganza. En el pasado se han metido con él o se lo han hecho pasar mal por lo que es una manera de devolver el daño.
  • Deseo de pertenecer a un grupo. Para sentir que forma parte de un grupo (de los guais de la clase, por ejemplo) intenta perjudicar a los que no pertenecen a él.

En todo caso, sea cual sea la explicación de una conducta irrespetuosa con los demás, es importante tomárselo en serio y trabajar actitudes de empatía, amabilidad y sensibilidad. Aunque este proceso requiere constancia, es la mejor manera de educar a ser (buena) persona.

A ser bueno también se aprende

Cuatro pasos para lidiar con los niños malos:

1 Luchar contra el comportamiento, no contra el niño

Cuando un niño se porta de forma mezquina con otras personas, es un error ponerle la consabida etiqueta de niño malo. Solo empeoraría las cosas. El mensaje que hay que enviarle debe centrarse únicamente en su comportamiento, no en su persona. Por ejemplo:

«Llamar fea a tu prima ha sido una grosería. Insultar no está bien porque ofendes a la otra persona. No permitiré que lo hagas».

«Llamarle gordo seboso a tu amigo y reírte de él hasta que se sintió avergonzado no está nada bien. No se hacen burlas que hieran los sentimientos de los demás».

2 Ayudar al niño a empatizar con los sentimientos de su víctima

La mejor actuación para conseguir que un niño deje de lado sus actitudes crueles e irrespetuosas es ayudándolo a empatizar con los demás poniéndose en su lugar. Las preguntas pueden servir de gran ayuda para este proceso de reflexión: «¿Has visto lo disgustada que está tu prima? Le has hecho llorar: ¿cómo crees que se siente?, ¿cómo te sentirías tú si te hicieran eso mismo?».

3 Enseñar un nuevo comportamiento para sustituir la acción cruel

Este es el momento de plantearle una pregunta dirigida a acciones futuras: «¿Qué podrías haber hecho en vez de esa agresión? ¿Qué harás la próxima vez?».

Este tercer paso se olvida muy a menudo porque se da por hecho que el niño sabe cómo es el comportamiento adecuado, pero no siempre es así. Hay niños que repiten una y otra vez la conducta ofensiva porque nadie les ha enseñado a hacer bien las cosas. Por ejemplo, nadie les ha dicho que lo adecuado es compartir, ayudar o respetar al diferente.

4 Darle al niño la oportunidad de reparar el daño

La fase final del proceso consiste en ayudar al niño a hacerse responsable de su comportamiento reparando el daño. Es importante que aprenda que, una vez que ha sido cruel, la acción no puede deshacerse, pero puede aliviar la ofensa. Por ejemplo, pidiendo disculpas (sinceras, claro), sustituyendo la propiedad dañada o esforzándose por hacer algo por esa persona. Es mejor que sea el propio niño el que proponga estas soluciones.

escuela de padres 

? TEMA DEL MES: La personalidad de los hijos.

? ETAPA: Infancia y adolescencia.

? LA FRASE: «No me duelen los actos de la gente mala. Me duele la indiferencia de la gente buena» (Howard Gardner).

? ALGUNAS CLAVES: Aprender a apreciar la naturaleza, a querer a los animales o a cuidar las plantas está demostrado que favorece el desarrollo de la empatía.

? PARA SABER MÁS: «Cómo resolver los comportamientos difíciles en los niños». Michele Borba. Ediciones Medici.