Ya somos una familia

Ana T. Jack - anatjack@edu.xunta.es

ESCUELA

Adoptar a un menor implica enfrentarse a algunos retos específicos

11 abr 2012 . Actualizado a las 13:29 h.

«Fue uno de los peores momentos de mi vida. No me lo había imaginado así. Vino una cuidadora y nos dejó en brazos una criatura aterrorizada que lloraba desconsoladamente y que para nada quería estar con nosotros. No paró de gritar y de patalear hasta que cayó rendida de cansancio». Así describe una madre su primer encuentro con su hija adoptiva cuando fue a recogerla a Ucrania, su país de origen. Aunque también hay primeros encuentros de lo más felices. Por ejemplo, el de estos padres que viajaron hasta Etiopía para encontrarse con su hijo: «Cuando lo vimos por primera vez, el corazón nos dio un vuelco. Nos miró, nos sonrió, nos dio la mano y al poco rato estaba jugando con nosotros como si nos conociera de toda la vida, fue increíble».

A partir de ese inolvidable momento, estos padres comparten con todos los demás las mismas funciones, tareas y retos educativos. Pero al mismo tiempo nunca dejan de tener presente que sus hijos llegaron con su propia historia. Conocer y anticiparse a la aparición de situaciones conflictivas que reflejen esas vivencias personales previas, casi siempre desconocidas y a menudo traumáticas, será de gran ayuda para responder de forma eficaz y positiva a sus necesidades educativas específicas.