La vela española de laboratorio

Paulo Alonso Lois
PAULO ALONSO LOIS REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

El vigués Antonio Otero lidera el departamento de I+D del equipo olímpico español para desarrollar el mejor material para los barcos en Río 2016

01 dic 2014 . Actualizado a las 10:13 h.

El vigués Antonio Otero, entrenador del Elliott 6m español que ganó el oro en Londres 2012, actúa como cerebro de la innovación del equipo olímpico español de vela. Al desaparecer esa clase del programa para Río 2016, la Federación Española de Vela (RFEV) reclamó su conocimiento como responsable de I+D, formación y reglas. Hasta semanas antes del Mundial de Santander tuvo medios para arañar esos segundos decisivos en barcos en apariencia idénticos, aunque ahora sus proyectos se encuentran varados a la espera de un nuevo impulso económico. Así que desde Bélgica, donde vive, compatibiliza su colaboración con la RFEV con sus planes profesionales en grandes barcos -como el reciente el TP52 Phoenix del armador brasileño Eduardo de Souza Ramos, del que fue entrenador-. «Lo ideal es trabajar con ingenieros y centros de prestigio para darle datos a los regatistas y sus entrenadores, para que no se guíen solo por su intuición», explica Otero.

Los avances, por la propia competitividad entre los equipos, se callan. Cada federación se mueve en el límite de las especificaciones para que los medidores internacionales homologuen sus materiales. «Desarrollar aspectos aerodinámicos e hidrodinámicos te da un plus», destaca Toni Ripoll, director del equipo olímpico español de vela.

El trabajo de I+D abarca dos campos, la creación de nuevas piezas y la comparación de los juegos de material de las diferentes partes de un barco. Este último trabajo se vino desarrollando en el Canal de Experiencias Hidrodinámicas de El Pardo (Cehipar), dependiente del Ministerio de Defensa. «Los entrenadores saben de táctica y preparación, pero al seleccionar velas, palos, orzas, timones y cascos deciden por intuición comparando su comportamiento en días de condiciones similares. El proceso es muy lento. En cambio, el ordenador evalúa el material y proporciona todos esos datos, y lo hace mucho antes. Los equipos ganan mucho tiempo», apunta Otero. Porque entre dos piezas teóricamente idénticas, del mismo fabricante, también se producen diferencias que pueden ser significativas en una regata. «Siempre hay una parte más artesanal. La persona que cosió unas velas podía tener un mal día. Y el casco se lamina en unas condiciones de humedad y temperaturas diferentes y también influye la persona que lo hace», matiza.

Clave para Echegoyen y los Paz

En algunas clases, los regatistas reciben el material al llegar a los Juegos. Otras, pese a que las limitaciones técnicas son muy precisas, dejan un margen estrecho para cada equipo. El 49er de los hermanos Carlos y Antón Paz y el 49erFX de Támara Echegoyen y Berta Betanzos permiten trabajo de I+D para elegir la mejor pieza en el ensamblaje definitivo del barco.

Las dos clases con regatistas gallegos encauzados hacia Río 2016 son one design en barco y velas -no admiten cambios-, pero el material se puede testar a nivel tecnológico hasta elegir el que mejor se comporta en el agua. «Con presupuesto ilimitado tendrían cuatro barcos, ocho palos y 16 juegos de velas. Y entre todos, elegirías los definitivos», añade el responsable de I+D de la RFEV. «Al final, no hay dos barcos ni dos velas iguales. Y eso te obliga a invertir para encontrar los adecuados», coincide Ripoll.

Como los recursos son escasos, hasta los equipos punteros guardan los barcos que mejor se comportan. Lo hicieron los Paz con el 49er del Europeo y el Mundial, que apenas utilizan, y los campeones de 49er en Londres 2012, los australianos Nathan Outteridge y Iain Jensen. «El astillero del que salió ese barco ya no construyó más», apunta Otero.

La vela olímpica se transformó radicalmente en los 25 últimos años. «España cimentó su éxito en Barcelona 92 al ser el primer país con regatistas olímpicos profesionales, algo que hoy pueden hacer 20 equipos», indica el entrenador vigués. Sobre el 2000, la RFEV se situó en vanguardia de I+D. «Ahora Reino Unido y Australia van por delante, y nosotros estamos en ese campo al nivel de otros 20 países», lamenta Otero por la falta de presupuestos para proyectos.

Tampoco utiliza ahora la RFEV sensores en los barcos. «Son equipos electrónicos en los cascos y centralitas en las lanchas de los entrenadores para registrar velocidad, escora, aceleración... Todo eso requiere software, tiempo y personal para gestionarlo», lamenta el responsable vigués.