Estar o no de acuerdo con nosotros mismos


El pasado sábado -es lo que tienen los patios de vecinos que son los grupos de Whatsapp, que no entienden de jornada de reflexión- me mandaron un vídeo que seguramente muchas otras personas habrán recibido y visionado, con más o menos hilaridad. Un padre le decía a su hija: «Escóndete, que viene el de Podemos, escóndete. Escóndete que viene Pablo Iglesias». Y la niña, de apenas dos años, después de dar algunas vueltas, desorientada, se escondía en un armario. Y cerraba la puerta de golpe. Eso ha sido un poco lo que ha pasado en Ourense en estas elecciones generales. En las anteriores, en diciembre, los votantes de la provincia optaron por romper con el bipartidismo que durante años y años colocó a populares y socialistas en el Congreso y sentaron en un escaño a un representante de En Marea. En aquel momento se podía interpretar que una provincia con grandes problemas estructurales había dejado de creer que la solución vendría de los de siempre. Seis meses después y, probablemente por el «Que viene Podemos» del padre del vídeo, los votantes (que de paso volvieron a dejar claro que son los que mandan) apearon a la marea de su representación. La participación se disparó en la provincia -¿también por el efecto vídeo?- y el PP logró incrementar el número de votos y, con ello, el de diputados. Volverán a ser tres los que pongan la cara por nosotros en Madrid. Al menos es lo que se espera de ellos. Para eso aún queda. Porque lo que está claro es que aunque los resultados se puedan analizar en clave provincial el futuro se decide a quinientos kilómetros de nosotros. Mientras allí se ponen de acuerdo, en Ourense tenemos claro que no estamos de acuerdo con nosotros mismos. Al menos con nosotros mismos hace seis meses.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
13 votos
Comentarios

Estar o no de acuerdo con nosotros mismos