Santiago Abascal: el candidato radical con el que casi nadie quiso discutir

Aprovechó su perfil de debutante para darle un envoltorio moderado a sus propuestas más agresivas


redacción / la voz

Era la novedad y, por tanto, uno de los protagonistas. Sin corbata y con el botón de la camisa desabrochado, Santiago Abascal inició su intervención en el debate a cinco postulándose como la solución al «consenso progre». ¿Su estrategia? Esparcir una serie de bombas con propuestas radicales, esperando una explosión que pudiera llevar el debate a su terreno. No tuvo suerte. Ni a su modelo de solución del conflicto catalán -interviniendo TV3 y llevando a Torra a la cárcel- ni a su modo de enderezar la economía del país - adiós al Estado de las autonomías y la «sanidad universal para inmigrantes»- le funcionó el detonador. Como al nuevo al que no se le quiere dar importancia en el grupo consolidado, sus cuatro compañeros de debate optaron por ignorarlo.

Llevaba de casa bien aprendida la lección de sus anteriores intervenciones televisivas. La manera de exponer las ideas debería ser moderada. No así su contenido, con material flamígero. Pero no hubo quien encendiera el fuego. Su patriotismo de semblante serio y tono decidido apenas inquietó a sus adversarios. El deseo de eliminar las autonomías lo metió por unos segundos en el ping-pong dialéctico. Rivera sacó uno de sus famosos carteles, indicando la suma total de lo cobrado de la Comunidad de Madrid en su día. Él extrajo de su dialéctica una respuesta tan poco consistente como que hay que conocer los chiringuitos desde dentro para decidir cerrarlos.

Lo intentó con la ley de violencia machista sin éxito. Y encontró su momento con la Ley de la Memoria Histórica. La apelación a «no abrir heridas» irritó a Pablo Iglesias. Apuntándolo con el dedo y apelando a su condición de víctima de ETA, le echó en cara ir a herriko tabernas cuando él se jugaba la vida y disparó la tensión del debate.

Mientras tanto, la batalla la daban Sánchez y Casado. Ahí Abascal se convertía en esa vergüenza que el socialista le echaba al popular para desacreditarlo y segundo no llegaba a rechazar, pero tampoco aceptar. Ninguno de los dos se dirigían a él directamente, negándose a darle la más mínima importancia. Un trato de novato que no pudo evitar.

LO MEJOR

Salvo en un breve rifirrafe con Albert Rivera, respetó siempre los turnos, sin interrumpir a sus adversarios

LO PEOR

Justificar los aranceles de Trump a los productos españoles por los ataques del gobierno al presidente de Estados Unidos

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