José María Bautista, filófoso: «Los jóvenes nos hacen preguntas y nosotros, a lo nuestro»

Sara Carreira Piñeiro
Sara Carreira REDACCIÓN / LA VOZ

EDUCACIÓN

José María Bautista, filósofo y escritor, intervino ayer en las jornadas formativas de Escolas Católicas en Santiago
José María Bautista, filósofo y escritor, intervino ayer en las jornadas formativas de Escolas Católicas en Santiago

Cree que los colegios religiosos pueden convertirse en lugares para hacer comunidad y responder a las dudas existenciales de los adolescentes

01 feb 2026 . Actualizado a las 12:01 h.

Escolas Católicas desarrolló este sábado unas jornadas de la pastoral educativa con el título Pontes fe, cultura e escola, en las que se habló de la relación de la cultura con la religión y cómo abordarla en el colegio. Diseñado para profesores y sobre todo equipos directivos, en el seminario estuvo como ponente, entre otros, el filósofo, escritor y formador de profesores José María Bautista con una charla con el sugerente título Diálogo fe-cultura después de Rosalía.

—¿Por qué después de Rosalía?

—Rosalía es en estos momentos un icono, una metáfora que expresa muy bien todo lo que hay debajo de este diálogo fe y cultura. Por eso, he cogido las 15 canciones del disco y las he convertido en 15 tesis de un manifiesto. Es un disco que en lugar de poner el énfasis en lo lingüístico o la estética, lo pone en el significado complejo y profundo. 

«El principal problema que tenemos hoy no es el ateísmo, es el apeteísmo, la apatía»

—¿Un ejemplo?

—El cardenal Ravasi, del Vaticano ha recuperado el llamado patio de los gentiles del templo de Salomón, en Jerusalén, un lugar de encuentro de personas con y sin fe, y lo ha hecho con cineastas, músicos, escritores... y ahí les cardenal les dijo que el principal problema que tenemos en estos momentos en el mundo, no solamente en la Iglesia, no es el ateísmo, no es la negación de Dios, sino una palabra que él se inventa: apateísmo [apatía], que es sin pathos, en griego, sin pasión. El problema de hoy día es la indiferencia, esa banalidad de lo cotidiano, ese «no tengo tiempo de comprometerme porque tengo pádel». Esto hace cambiar muchas cosas en las respuestas que después tenemos que dar, porque cuando estamos hablando de que la religión no llega a los jóvenes, si el problema fuese el ateísmo tendríamos que transmitirles la fe, pero es que no es el problema, el problema es el apateísmo. Para mí la solución, me lo he inventado yo, no es tanto relajarnos, sino desfibrilarnos, espabilarnos. 

«No creo que haya tanto una vuelta a la religiosidad, sino a la espiritualidad»

—Parece que hay un cierto repunte del espíritu religioso entre los jóvenes europeos.

—Creo que es muy pronto para esto, pero sí es cierto que se frena la caída de creyentes, y hay voces diciendo que es un resurgimiento de la religión. Yo formo a educadores y en estos dos últimos años he visitado 20 países y veo que el nivel de religiosidad que hay en otros países no tiene nada que ver con el que hay en España y en occidente. Es verdad que están pasando cosas, pero no creo que sea tanto una vuelta a la religiosidad por ahora, sino a la espiritualidad. Es que tenemos un grave problema de salud mental en los jóvenes: la Fundación SM dice que en España el 36 % de los jóvenes manifiesta en no tener sentido en su vida, y la encuesta Gallup, ya a nivel mundial, pone ese porcentaje en el 40 %. A mí me parece que hay muy poquitos problemas sociales que tengan más gravedad que esto, ¿no? Y por eso los jóvenes están buscando. Me parece superpositivo porque ya no se asocia la religión a unas fórmulas rituales, litúrgicas, sino que se asocia a la búsqueda del sentido de la vida y a lo que a mí me gusta llamar «inteligencia existencial», que es algo más que la inteligencia emocional. No es solamente aprender a gestionar nuestras emociones, sino que tener recursos técnicos para planificarme, tener un propósito. 

«La Iglesia evangélica triunfa, pero se basa en una fe infantil, sensiblería y márketing»

—Ha estado en muchos países, sobre todo en Hispanoamérica. Ahí tiene mucha importancia la Iglesia evangélica, con un punto de vista evidentemente espiritual, pero también controvertida.

—Es cierto que la Iglesia evangélica lo hace muy bien porque sigue las reglas del márketing, y triunfa en muchos lugares, pero se basa en una fe muy infantil (que no tiene que ver con la fe madura con autonomía religiosa) y por la sensiblería, y llega muy lejos. También se cruza la política y si bien algunas corrientes son maravillosas, pero otras son preocupantes y hasta peligrosas.

«El gran peligro de la religión es el Dios burgués, servirse de la religión para no tener problemas»

—¿Europa corre el riesgo de contagiarse de esa fe «infantil»?

—Claro, es que es superfácil caer en la fe infantil. Es como los movimientos del mindfulness, que es fantástico en tanto de permite tener atención plena, pero hay quien acaba cayendo en el efectismo y en fórmulas muy infantiles. Pues a nivel religioso, igual. Creo que ese sentido la labor de la escuela es fundamental.

«El futuro de la Iglesia está en esto que inventó el papa Francisco de la sinodalidad»

—¿En qué sentido?

—Me parece que el futuro está en esto que inventó el papa Francisco de la sinodalidad. En esta epidemia de soledad e individualismo en que vivimos, el papel que antes cumplía la parroquia de cohesionar a la comunidad lo están haciendo algunos centros católicos, no todos evidentemente, pero muchos. El filósofo francés Emmanuel Mounier, una de las grandes figuras de los años 40, hablaba de ese diálogo que llamaba «personalismo comunitario». Y decía que el gran peligro de la religión es el Dios burgués, el que se servirme de la religión para no tener problemas, para no comprometerse. De ahí que comunizar, hacer comunión, comunidad, creo que es el antídoto a esto.

«La sinodalidad es lo contrario a la jerarquía»

—¿En el catolicismo europeo se impuso la jerarquía a la comunidad?

—Claramente. Y ahora la sinodalidad es lo contrario a la jerarquía. No sé cómo saldrá [risas] pero yo en los ochenta vivía mucho en mi parroquia, donde éramos ciento y pico jóvenes y nos juntábamos los fines de semana a pasar el rato. Teníamos catequesis, pero eso era lo de menos. Aquí se ha perdido esto en las parroquias, pero no en algunos colegios, y no hay ninguna institución en el mundo que tenga esta posibilidad. La catequesis de la confirmación, con adolescentes, es una oportunidad de entrenarles, de contactar con los jóvenes, con su dolor. El obispo estadounidense Robert Barron, que es un youtuber espectacular, dice que el trato a los jóvenes es un desastre pastoral, porque nos hacen preguntas y nosotros, a lo nuestro. Entonces, las liturgias y las comuniones están muy bien, pero si tú no tienes impacto en sus vidas, estás perdiendo una oportunidad de oro. Y hay muchos jóvenes que terminan siendo ateos porque nadie ha llegado a ellos. Igual que las tutorías.

«Hay muchos jóvenes que terminan siendo ateos porque nadie ha llegado a ellos»

—¿Le parecen interesantes?

—Clarísimamente, porque es una hora a la semana en la que tú puedes entrenar a los estudiantes en habilidades de optimismo, de gestión de emociones, de miedos, de asertividad, de conflictos... Estos procesos de aprendizaje requieren un tiempo y un método. Entonces, la hora de tutoría me parece perfecta.