Las diez sorpresas de la educación virtual

Sara Carreira Piñeiro
Sara Carreira REDACCIÓN / LA VOZ

EDUCACIÓN

Una clase híbrida (presencial y telemática para los niños con cuarentena) se celebró en muchos centros gallegos -en la imagen, el colegio Maristas de Ourense- mientras la actividad lectiva siguió como siempre incluso en el aula donde se detectó un positivo
Una clase híbrida (presencial y telemática para los niños con cuarentena) se celebró en muchos centros gallegos -en la imagen, el colegio Maristas de Ourense- mientras la actividad lectiva siguió como siempre incluso en el aula donde se detectó un positivo

Tras un curso de pandemia, algunas cosas no resultaron ser como se esperaban

14 jun 2021 . Actualizado a las 08:57 h.

 Acaba el curso de la pandemia y España no tiene datos de casi nada en educación. No se sabe cuánto aprendizaje han perdido los alumnos el curso pasado y si en este se ha acumulado algún atraso. No se sabe con exactitud —o no se informa— de las cifras de la brecha digital: cuántos hogares, en qué sitios y qué supone para el aprendizaje y futuro de los estudiantes afectados. 

Todo esto lo señala el trabajo titulado «Educación, pandemia y brechas digitales: lecciones de un momento insólito» y firmado por M.ª Rosario González, José Ladera, Carmen Mateo e Ignacio Quintanilla, de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Aluden estos expertos en estudios educativos a dos encuestas, una de SM y otra de Cáritas, los únicos trabajos de campo de cierta envergadura realizados en el país. 

Otro trabajo que analizan es el Proyecto de Innovación Docente de la UCM a partir de las estimaciones de trece profesores de universidad, seis de primaria y nueve de secundaria de Madrid. Estos dicen que la incapacidad para seguir docencia virtual por falta de competencias digitales, por tratarse de estudiantes con necesidades educativas especiales no atendidas convenientemente o aquellos que están en riesgo de exclusión social suma un 5% de todo el alumnado de primaria y secundaria. Y que un 20 % del alumnado no puede manejar eficazmente las aplicaciones de enseñanza virtual porque son muy pesadas para sus equipos o conexiones.

Para este trabajo, la graduación es importante: «Muchos estudiantes sí son capaces de realizar algunas de las tareas propuestas pero no todas, o son capaces de desenvolverse en unas aplicaciones y no en otras, o manejan los procedimientos solo en parte, de forma que su conectividad global resulta fallida».

Entienden que «la brecha socioeconómica está entre el 3 % y el 5 % del alumnado», paliada «por las administraciones con bastante eficacia», aunque ha habido problemas en la conectividad (como la gestión de la titularidad de los datos), y en cualquier caso la brecha es más gradual que absoluta.

Y de estos pocos profesores preguntados, menos de la mitad dice que sí ha podido disponer de datos contrastados sobre brecha digital en su centro.

La investigación concluye con unas cuantas sorpresas que ha traído la pandemia:

  1. Hemos supuesto que el alumnado tenía más competencias digitales o capacidad para adquirirlas que el profesorado, y no es así
  2. No hemos previsto una digitalización específica con estudiantes de necesidades educativas especiales o en situación de vulnerabilidad social
  3. Hemos enfocado la conectividad a equipos fijos cuando deberíamos haberla enfocado hacia los teléfonos y tabletas
  4. Hemos adoptado procedimientos y aplicaciones muy complejos que dificultaban ?o imposibilitaban? su empleo con equipos anticuados o conexiones lentas
  5. No habíamos previsto que el aspecto más difícil de digitalizar la docencia iba a ser la evaluación
  6. No habíamos previsto suficientemente bien el bucle de participación del estudiante y su integración activa en la dinámica grupal en entornos de docencia virtual
  7. Hemos desatendido aspectos normativos que tocan a la privacidad de los participantes, así como a los derechos de imagen, autor y propiedad intelectual
  8. Hemos asumido una diferencia esencial entre alfabetización y alfabetización digital que no se justifica
  9. Hemos infravalorado la brecha de uso, es decir, la dificultad que entraña el paso de un uso lúdico y social de un dispositivo a un uso formativo y profesional
  10. No hemos acometido la compleja tarea de trasladar el ámbito normativo propio de los planes y reglamentos de convivencia