La generación del iPad entra en la ESO

Empieza el quinto año del uso de la tableta como «libro», una experiencia más que positiva en Jesuitinas

.Alumnos de primero de ESO de Maristas
Alumnos de primero de ESO de Maristas

a coruña / la voz

Regresa la serie Centros Innovadores con el nuevo curso y la primera parada es una rareza, porque son dos colegios en uno: los alumnos cursan infantil y primaria en Jesuitinas y secundaria en Maristas. Aunque se le conoce por este segundo nombre y es un centro único, cada colegio funciona con relativa independencia y equipos propios, y físicamente están separados, a ambos lados de la avenida de Alfonso Molina, la principal vía de acceso a A Coruña. En Jesuitinas estudian 900 alumnos y el claustro es de 48 profesores; en Maristas, con ESO y bachillerato, son 624 alumnos y 38 maestros.

Hace cinco años, Jesuitinas decidió que a partir de tercero de primaria sus niños estudiarían con iPad, la tableta de Apple. Y que lo harían desde ese momento en adelante. «Tuvimos suerte con las familias -dice Juana Otero, la directora del colegio-, porque confiaron en nosotros y se tiraron a la piscina». En ese momento, las preguntas se sucedían: ¿Va a saber escribir? ¿Le estropeará la vista? ¿Tendrá el mismo nivel que niños de otros colegios?... Como es una propuesta voluntaria, el primer año hubo algunas familias que no se apuntaron, hoy solo son cuatro de tercero a sexto. «Esperamos a incorporarla hasta tercero para que manejen bien la lectoescritura, pero además no solo usamos el iPad, porque la tableta no es el fin, es una herramienta, y los niños siguen haciendo dictados y copiando cosas en la libreta», resume Otero Torres.

¿Y ha sido mejor? Porque esa es la cuestión. A estas alturas nadie se pregunta si económicamente es rentable. «No es ese el valor de esta metodología», dice Juan Carlos Pérez, responsable de innovación en el centro y profesor en quinto y sexto. Del dinero, las cuentas dicen que es rentable a partir del quinto año, pero para entonces muchos tienen que cambiar la tableta, ya obsoleta. En la otra cuestión, la importante, si ese indudable esfuerzo económico compensa, no hay dudas en el equipo directivo: «Los niños son más participativos, más autónomos y más creativos», recalca Judith Fernández, profesora en tercero y cuarto.

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Pero el colegio es mucho más que iPad. Llevan diez años trabajando en innovación y a día de hoy han conseguido estar entre los centros punteros de Galicia en nuevas didácticas. Desde el primer momento, en el colegio hay estimulación física e intelectual, el aprendizaje se hace por proyectos, se trabaja de forma colaborativa (en grupos de cuatro), se afianzan las rutinas de pensamiento y se estimulan las inteligencias múltiples para que cada uno encuentre el sitio en el que esté más cómodo. Explicado todo lo anterior, se entiende que el iPad no es más que otra herramienta para seguir avanzando en un aprendizaje más activo.

Por ejemplo, los de quinto empiezan con un proyecto llamado The Final Countdown (La Cuenta Atrás), que al ritmo de la canción ochentera de Europe los va a llevar, como un cohete, al universo: «Vinieron los de cuarto disfrazados de astronautas», explica Gerardo, y continúa Nicolás: «Vamos a estudiar el universo y lo que hace la NASA».

El día a día en un centro innovador

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Psicomotricidad. Un paseo rapidísimo por Jesuitinas sorprende al visitante más exigente: en infantil hay cada día una hora de psicomotricidad, en una especie de gimnasio donde los niños reptan, ruedan, saltan, suben escalones y cruzan una escalera balanceándose. Todo con la ayuda del profesor, obviamente, aunque «los de 5 años -explica la directora- van solos y hacia atrás». Como parten de la base de que los niños de 3 años explican poco y mal en casa, todos los padres pasan por el gimnasio y, si quieren, también hacen los mismos ejercicios que sus hijos.

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Conexiones neuronales. Junto a la estimulación física -«que es útil hasta para la lectoescritura», apunta la directora-, los más pequeños tienen estimulación intelectual. Siguiendo la teoría de Glenn Doman, tres veces al día se ponen en una grada y ven cómo su profe les enseña fotos y las identifica a una velocidad de vértigo. Emma, una maestra, explica que esto estimula las conexiones neuronales que usarán en su aprendizaje. Lo más interesante es que les encanta, están muy atentos y jugando saben aplicar lo aprendido en su día a día.

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Otras matemáticas. En los dos primeros años de primaria se aprende ajedrez en clase de Matemáticas (una hora a la semana) y a partir de cuarto el profesor tiene que estudiar, porque los niños saben más que él. Y a la hora del cálculo, Jesuitinas apuesta por EntusiasMAT, el sistema diseñado por el colegio Montserrat de Barcelona, considerado el mejor de España. Los niños juegan con los números y solo al final hacen la ficha. Lo mismo ocurre con la lectura a través de Ludiletras, también de Tekman Books.

La secundaria se integra de forma escalonada en el proyecto innovador

Maristas tenía claro que debía aprovechar todo el trabajo previo ahora que la primera generación que usó iPad ha pasado a secundaria. Susana Lousame, jefa de estudios; Cristina Montero, coordinadora de innovación, y José Manuel Iglesias, director, saben que están empezando y el reto es grande, pero ilusión les sobra. Además, tienen la ayuda de sus experimentados compañeros de Jesuitinas.

Hasta ahora, en Maristas cada curso hacía proyectos durante el año y el de segundo de ESO era la estrella: PQSM (Para Qué Sirven las Mates), un maratón de juegos donde se mezclan la tecnología y el inglés. Desgranan el temario y les valió un premio de Proyecta Innovación, el certamen que organizan la Fundación Amancio Ortega y la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre.

Saben que el principal valor de estas actividades es «la motivación de los alumnos. Trabajan muchísimo, muy concentrados», apunta Montero. «Ellos son los protagonistas», resume Lousame. Ambas recuerdan cómo terminó el curso pasado, con una feria medieval que contagió a todo el colegio.

Iglesias, por su parte, recalca el esfuerzo del centro por hacer a los alumnos autónomos, que se consigue con, entre otras cosas, las rutinas de pensamiento (veo, pienso, me pregunto); las prácticas de metacognición (qué he aprendido, cómo lo he hecho); y oratoria. Además, se trabaja por parejas y se hacen programas piloto de Flipped Classroom, igual que se fomenta la plataforma Moodle (trabajo en red con simulacros de examen).

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