Cuatro alumnos de bachillerato relatan cómo afrontan la selectividad
09 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Son días de mucho estudio. Por ahora, sin nervios. A partir del miércoles, a los alumnos de bachillerato les espera una cita que, inevitablemente, ha marcado este curso: la selectividad. Cuatro estudiantes del IES A Xunqueira I de Pontevedra aceptaron la invitación de La Voz para contar cómo se enfrentan a las pruebas de acceso a la universidad (PAU) antes, durante y después.
En el despacho de la directora del centro, estos jóvenes desvelan sus sensaciones, rituales de estudio y cómo lo llevan. Son tres alumnos del bachillerato de Ciencias -Alba Miguéns, de 17 años; Mateo García, de 17, y Nerea Castro, de 18- y una de Humanidades -Pilar Riopa, de 18-. Nerea es de Cotobade y el resto de Campo Lameiro.
Quien, en principio, tiene menos presión es Pilar. Con una media del expediente de 8,8, quiere estudiar Derecho en Santiago. La nota de corte el curso pasado en esa carrera fue de 7,9 (sumado expediente y selectivo). Otro cantar es el que afrontan Alba y Nerea. Ambas quieren hacer Medicina, también en la USC, y son conscientes de que un mal selectivo puede arruinar sus deseos. La nota de corte fue de 11,78 y el próximo curso se ofertan 30 plazas menos. Alba, con un 8,58 de expediente, y Nerea, con un 9,53, son bastante optimistas, aunque si al final no pudiera ser tienen en la recámara otro grado de Ciencias de la Salud, como Enfermería o Fisioterapia. «Teño que ir a polo 12 polo menos», admite Alba.
Más curiosa es la historia de Mateo. Eligió el bachillerato de Ciencias, pero su primera opción es el doble grado de Derecho y Ciencias Políticas en Madrid. Con una media de 7,58 bromea con sus compañeras en que a su lado casi parece mala. «Había demasiadas cousas que me gustaban e non sabía que coller. Aconselláronme ir por Ciencias porque ten máis saídas, pero a verdade é que ata hai unhas semanas non o tiña claro, pero axudoume a orientadora», comenta.
Dicen que estudian un mínimo de ocho horas al día. Son jornadas de codos, entre clases de refuerzo, horas de biblioteca en el instituto y en la central del campus -ubicada en Ciencias Sociais, donde harán las PAU- y en casa. Repasar todo el curso es inviable y se agarran a los consejos de los profesores. «Hai que ir vendo todo, pero é imposible. ¿Que estudo? En Filosofía, Platón e Aristóteles son fixos, e hai que ir seleccionando», relata Pilar. «Dígolles na casa que estes días pasen de min, que non estou».
Aunque por el día hay más distracciones, los cuatro no son de quedarse toda la noche entre libros y apuntes. Mateo es el más radical. «Eu ás doce como moito teño que ir para a cama, se non non rindo, e teño claro que a tarde anterior vou ir xogar un partido de fútbol». Tampoco abusan del café o de bebidas estimulantes. Pilar y Mateo temen el examen de inglés, mientras que a Alba y Nerea le preocupan más las específicas.
Están hartos de escuchar que el futuro que les espera es negro y secundan el desplante universitario al ministro Wert del 4 de junio en Madrid. Les duele que se hable de otra generación perdida y de que tendrán que emigrar. «Queremos ter traballo ao acabar, pero escoitar esas cousas todos os días xa cansa. Xa se verá o que pasa», apunta Alba. Y Pilar pone la puntilla: «E se non, marchamos».