El gran avance de la mujer gitana: de la vida en el carromato a la Universidad

L.R.I.

EDUCACIÓN

Mujeres gitanas que estudian, que obtienen un título universitario, que trabajan fuera de casa, que no se casan o que deciden hacerlo después de los treinta. Situaciones que eran impensables hace solo unos años son cada vez más habituales, también entre la población calé lucense. Esa fue una de las ideas destacadas de una jornada que organizó la concejalía de Benestar Social de Lugo el lunes.

Experiencias pasadas, presentes y de futuro compartieron estrado en el centro social Uxío Novoneyra de la mano de cuatro mujeres gitanas que podrían considerarse «exemplos a seguir», como indicó el profesor Manuel Vila, presidente de la Asociación Promoción e Integración Gitana e Lugo. El colectivo colaboró en el encuentro junto con la Fundación Secretariado Gitano.

Concepción Cortiñas, que tiene unos 54 años, recordó su infancia en Sarria, cuando los gitanos todavía vivían de manera errante, en carromatos, y se ganaban la vida vendiendo cestos por los pueblos. La mujer estudió Primaria, llegó a cuarto del antiguo Bachillerato y entonces se casó. Era muy joven. Tuvo tres hijos: dos chicas y un chico, y logró que completaran el camino de formación que se truncó en ella. Una es trabajadora social, la otra maestra y el hombre acabó el bachiller. Por ahora solo una está casada. El lunes, Concepción habló con orgullo de sus vástagos en un auditorio repleto de gente. Entre el público hubo un oyente de excepción: su marido. Algo inimaginable hace no mucho.

Renegar del machismo

También tuvieron dificultades Ana Barrull y Rebeca Flórez. Aunque no se lo impusieron, la primera se casó con 16 años y tiene un hijo de 15, al que anima a continuar formándose. Un paso que ella lamenta no haber seguido, aunque ha acudido a clases de adultos. Rebeca sufrió la presión de los abuelos, a quienes no les gustaba que usase pantalón ni que saliese. Con 30 años se muestra orgullosa de ser independiente y seguir soltera, pero también de ser gitana. «A liberación da muller non pasa por renegar do ser xitano, senón dos costumes machistas que relegan á muller a un papel secundario», dijo Vila. Finalmente, Esther Hernández, de 16 años, sueña con ponerse a trabajar, tener carné de conducir y «buscar noivo cando ela queira».