Con el aula a cuestas

EDUCACIÓN

El decanato ofrece una solución temporal a los más de 120 estudiantes de Educación Infantil, tras protagonizar una protesta por no caber en su clase, apta solo para 75

03 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Recibir clase de matemáticas en el patio de la Facultad de Ciencias de la Educación puede sonar a método didáctico innovador, impulsado por el profesor de la asignatura. Nada más lejos de la realidad. Se trata de la particular escaramuza que están llevando a cabo los alumnos de segundo curso de Educación Infantil contra el decanato para conseguir un aula más grande, en la que no se tengan que sentar en el suelo para poder tomar apuntes.

Los alumnos se quejan de que el problema «ya tenían que haberlo previsto». Las aulas tienen capacidad para 75 personas y creen que en este curso pueden llegar a ser 180, porque todavía no se ha cerrado el plazo de matrícula.

Para llamar la atención, estos alumnos decidieron ayer por la mañana organizar las clases en el césped, delante de la facultad. Y la iniciativa ha resultado porque a las doce, el decanato ya había decidido recolocarlos en el aula magna del edificio de Fisioterapia. Fabiana López, una de las portavoces de los alumnos afectados, aseguró que desconoce si se impartirán las clases en este aula durante todo el curso: «no sabemos si es permanente o no, pero aquí el profesor ni siquiera tiene pizarra, ¿cómo va a dar clase?».

El problema radica en que en este curso se han recibido cerca de setenta traslados de expedientes procedentes de la facultad de Vigo pero Fabiana asegura que este tema no les incumbe: «Creo que hubo mucho cambio de expediente porque hay al menos cuarenta personas que han pasado de Vigo a Pontevedra y hay que sumarle los repetidores. ¿Y qué le vas a hacer a esta gente? Habrá que buscar una solución».

Un edificio nuevo e innovador

Curiosamente este edificio diseñado por los arquitectos Jesús Irisarri y Guadalupe Piñeira, en el 2006, fue seleccionado entre más de seiscientos trabajos para representar a la nueva arquitectura española en una exposición en el Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York.

El edificio aplaudido por los teóricos presenta serios problemas de habitabilidad para los usuarios, que se quejan de que «prácticamente no existe ventilación» y de que las galerías de cristales en los pasillos provoca «un efecto invernadero insoportable». Además, no tiene aire acondicionado y sí calefacción que nunca se enciende.