Unos doscientos barbanzanos compaginan la ESO y el trabajo

Xoán Ramón Alvite Alvite
X. R. Alvite CORRESPONSAL | MAZARICOS

EDUCACIÓN

Reportaje | La otra cara de la enseñanza La formación de adultos ofrece a muchos jóvenes la oportunidad de conseguir un certificado que no lograron siendo estudiantes

27 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

El curso escolar se acaba y más de 5.000 estudiantes de ESO y bachillerato de la comarca, 136.000 en toda Galicia, cuentan los días para los exámenes finales, unas pruebas que valorarán el esfuerzo realizado en los últimos nueve meses e, incluso, de algún modo, condicionarán el futuro de muchos. Los que menos, se juegan pasar un verano tranquilo, y los que más, entrar en la universidad y estudiar lo que más les guste. Es por ello que en los institutos ya empieza a notarse cierta tensión y a verse más apuntes y libros debajo del brazo que de costumbre. La dinámica hasta final de curso será la de siempre, la que nunca aconsejan los pedagogos: pasar más horas sin dormir, chaparse aquello que ya es imposible razonar y, en resumen, renunciar a otras cosas, sin duda más divertidas, para darle un último empujón a los libros. Hay, sin embargo, otro buen puñado de jóvenes de la comarca que se enfrentarán de una manera bien distinta a las temidas pruebas finales. Son las más de doscientos alumnos que en Barbanza, Muros y Noia están matriculados en la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) a distancia. Se trata de una alternativa para que aquellas personas -los datos señalan que en su mayoría son chicos y chicas de entre 17 y 23 años- que por distintos motivos no han podido o querido continuar con los estudios presenciales, puedan ahora obtener esta titulación. Muchos de estos otros estudiantes, prácticamente la totalidad, tendrán que compatibilizar las prisas, los nervios y el estrés de esa temida semana de pruebas con sus trabajos diarios. Fracaso escolar Principalmente en las zonas rurales, la otra cara del tantas veces nombrado fracaso escolar es la de muchos chavales que han optado (o quizá se han visto obligados) por empezar a trabajar, a buscarse la vida, en lugar de seguir con los libros. Chicos y chicas, algunos con más problemas que los del aprendizaje o los propios de su edad, que se han metido de cabeza en el mundo laboral. Una opción de la que, para bien o para mal, ya difícilmente van a poder salir. Aunque la mayor parte son conscientes de lo necesaria que es la formación en sus vidas, muy pocos seguirán la senda académica conformándose, los que lo consigan, con el certificado de la ESO. El temor a nuevos fracasos y la relativa independencia que da ganarse el primer sueldo los disuaden de ello. «El perfil tipo del alumno que tenemos matriculado en ESO a distancia -señala la profesora Belén Sartal- es la de un chico o chica con apenas 18 o 19 años que o bien ya trabaja o tiene pensado hacerlo de inmediato. La mayoría se apuntan a las clases porque ven que para su futuro profesional van a necesitar, como poco, este título de secundaria». Esta profesional forma parte del profesorado que los concellos han contratado para que sirvan de apoyo, durante todo el año, a las personas matriculadas en sus escuelas de adultos.