Un David contra Goliat sindical

Ricard G. Samaranch RABAT

ECONOMÍA

Un empleado de un centro de llamadas de Rabat pone en jaque a una multinacional estadounidense por despido improcedente de 15 empleados

20 mar 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Quizá un teclado y una pantalla puedan parecer menos amenazantes que una honda y una piedra, pero están resultando muy efectivos en la desigual batalla que libra Benabdallah Badreddine, un empleado de un centro de llamadas de Rabat, contra SITEL, una multinacional estadounidense presente en más de 40 países y con una plantilla de más de 160.000 personas. El conflicto entre ambos se inició cuando Badreddine, junto a otros 17 compañeros, informó a sus superiores que quería crear una sección sindical en la oficina de SITEL en Rabat bajo el paraguas de la mayor central del país, la Unión Marroquí de Trabajadores (UMT).

En las semanas siguientes, 15 de los 18 trabajadores fueron despedidos de forma improcedente y sin pasar por ningún trámite sancionador. «Sabíamos que la decisión nos generaría problemas, pero es nuestro derecho y no queríamos renunciar», comenta convencido Baddredine, un licenciado en Informática de 40 años.

A los trabajadores expulsados no se les informó del porqué de la rescisión de su contrato, ni se les permitió defenderse. «Fue una venganza por el hecho de habernos constituido en sindicato», explica Baddredine, que es uno de los tres empleados del «grupo de los 18» todavía en nómina de SITEL, que emplea a 1.300 personas en su sede en la capital marroquí.

Por su valor como empleado y su rol de cabecilla del grupo, en un primer momento los jefes de Badreddine intentaron comprarle ofreciéndole un ascenso a cambio de renunciar a su aspiración sindical. Pero él lo rechazó, y prefirió lanzar una campaña para lograr la readmisión de sus compañeros. Desde entonces ha pasado ya más de un año y la batalla con SITEL se ha enconado, atrayendo la atención de los medios de comunicación, el Parlamento de Marruecos e incluso organizaciones internacionales.

«Hemos organizado ya dos concentraciones frente a la sede de la compañía, y también buscado la mediación de diversas instituciones públicas. En una de ellas, los representantes de la compañía ni se dignaron a venir», comenta este hombre de cabello corto y ojos claros. La perspectiva de ser finalmente despedido no le preocupa. En el sector de los centros de llamadas, los salarios base apenas están por encima del salario mínimo —unos 4.000 dirhams o 380 euros—, y las primas por objetivos representan a menudo un tercio del sueldo final.

«En Marruecos es habitual que las compañías privadas, tanto nacionales como multinacionales, se nieguen a permitir la creación de secciones sindicales, aunque es un derecho reconocido en la Constitución. Ni tan siquiera el hecho de ser un delegado sindical protege a un trabajador del despido», asevera Khadija Riady, expresidenta de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos, la más combativa del país. En parte, ello explica la bajísima tasa de sindicación existente, que no supera el 6 %.

Lo que no esperaban los responsables de SITEL al inicio del conflicto era que el «grupo de los 18» iban a saber recurrir a todos los resortes a su alcance, incluido el apoyo público de varios diputados en el Parlamento nacional pertenecientes a partidos de izquierda. Además, su conflicto fue incluido en el informe sobre violaciones a la libertad sindical de la Confederación Internacional de Sindicatos para el año 2022. Habiendo alcanzado tal repercusión el caso, los dirigentes de SITEL han cambiado de actitud y ya acuden a las reuniones de mediación. No obstante, se niegan a readmitir a los empleados despedidos, temerosos quizás de que ello podría sentar un precedente. «Vamos a ir hasta el final», espeta Badreddine, con la mirada de determinación de aquellos que saben que se enfrentan a un desafío mayúsculo pero ya han perdido el miedo.