Luis Vadillo: «Tendremos pensiones en el futuro, lo que no sabemos es de qué cuantía»

El director del Instituto BBVA de Pensiones alaba el consenso del Pacto de Toledo y pide abordar reformas de calado


MADRID / LA VOZ

Recién aprobadas las recomendaciones del Pacto de Toledo y sobre la mesa del diálogo social las primeras propuestas para reformar el sistema público de pensiones, Luis Vadillo, director del Instituto BBVA de Pensiones, se muestra tajante a la hora de dar seguridad sobre el futuro de las jubilaciones públicas. «Seguro que tendremos pensiones», dice, para matizar después que «lo que no sabemos es de qué cuantía». Por eso aboga por abordar sin demora una reforma estructural que los países del entorno —en los que pide mirarse— ya han acometido con éxito.

—La pregunta obligada ante un escenario de longevidad creciente y cotizantes y cotizaciones insuficientes: ¿Están en riesgo las pensiones del futuro?

—Es la pregunta que hay que hacer. Lo primero es trasladar tranquilidad a la gente. Seguro que va a haber pensiones, lo que no sabemos es de qué cuantía. Tenemos un sistema de reparto, y la previsión es que el número de jubilados pase de algo más de los nueve millones actuales a unos 15 en el 2050 (por la jubilación de la generación del baby boom), y los cotizantes, sin embargo, no van a subir en la misma proporción. El año pasado el Servicio de Estudios del Banco de España avanzaba que para hacer frente a todas esas prestaciones, tras ese incremento significativo, harían falta 29 millones de personas en activo, cotizando. Ahora estamos en 19 millones. Nunca se ha dado un incremento de la fuerza laboral en España de esa magnitud. No vamos a decir que sea imposible, pero es complicado. Vamos hacia un modelo en el que habrá mucha gente cobrando pensión y menos gente cotizando. Y esto nos mete de lleno en el tema de las generaciones, que es en los tramos en los que hemos dividido nuestra encuesta anual, en esta ocasión centrada en los millennials.

—Y la mitad de los jóvenes encuestados temen no tener pensión y por eso siete de cada diez ve preciso reformar el sistema. ¿Ha aumentado esa preocupación?

—Déjeme hacer un poco de historia sobre la encuesta. En los últimos tres años la hemos hecho por generaciones: este año millennials, el pasado baby boomers y el anterior mayores de 60. Lo que intentamos es tomar el pulso, saber cómo lo ven las distintas generaciones. Los millennials, que van de los 23 a los 42 años, son quienes soportarán con sus cotizaciones el crecimiento de jubilaciones de la generación más numerosa, la anterior. Y lo que transmiten, mayoritariamente, es preocupación. Pero yo les enviaría ese mensaje de tranquilidad del que hablaba antes: sí van a cobrar pensión.

—Otra cosas es que no sea de la cuantía de las actuales. Porque España es de los países más generosos del entorno, ¿no?

—Somos el segundo país más envejecido del mundo, por detrás de Japón, aunque se pronostica que le superaremos en el 2030. Así que seremos los campeones del envejecimiento y tenemos las pensiones más generosas de la OCDE, con el 73-74 % del último salario. Así que, sí, el horizonte es que esa tasa de sustitución se reduzca significativamente.

—Por tanto habrá que complementar la jubilación pública con ahorro privado. Pero con contratos precarios y sueldos bajos, ¿cómo conseguir que se ahorre?

—Volviendo a la encuesta, muchos jóvenes no ahorran porque su situación no se lo permite, pero sí ven esa necesidad. Lo más fácil es hacerlo de manera paulatina, poco a poco. Aplicar esa cultura del ahorro, que en Galicia está muy arraigada. Aunque es cierto que la situación laboral no es fácil y no ayuda, hay que comenzar a ahorrar en ese momento de la vida porque tendremos una mayor longevidad.

—¿Que solo uno de cada siete jóvenes haya comenzado a ahorrar es preocupante, comparado con las generaciones anteriores? ¿Se ahorra ahora menos?

—El término preocupante me gusta poco. Es cierto que la realidad laboral es menos favorable para ello, pero sí vemos una menor cultura del ahorro que antes. Somos más consumistas, más inmediatos. Pensar en un ahorro a 20, 30, o 40 años se nos hace difícil. Necesitamos que nos ayuden, que nos empujen. Es más fácil así.

«El perfil gallego es más ahorrador, más previsor»

Vadillo pone el acento en la necesidad de potenciar la cultura financiera para favorecer el ahorro privado con el que complementar la jubilación pública.

—¿Qué empujones necesitamos para ahorrar? ¿Qué nos falla?

—Nos falla la educación financiera. Y para eso nació el Instituto BBVA de Pensiones hace siete años. Nosotros no hablamos de productos, solo tratamos de dar educación financiera en materia de jubilación, porque cuanta más información tenemos mejor decidimos y eso nos permitirá prepararnos con tiempo y mejor.

—¿Y el empujón?

—Otro empujón son las ayudas fiscales, que no es que te quites impuestos, porque los pagas cuando cobras la pensión privada, pero te incentiva en el corto plazo a tomar una decisión que te ayudará dentro de 20 o 30 años, porque si no se hace muy duro. Hay que ahorrar poco a poco.

—¿En qué situación está España en ahorro privado para la jubilación, comparada con los vecinos?

—Pues estamos muy por debajo de la media. Los últimos datos daban el 8-9 % sobre el PIB, y la media estaba en el 50-60 % y hay países como Holanda que están en el 100 %. Y ese ahorro lo han realizado por dos vías: el pilar de las aportaciones individuales y el de las aportaciones a través de los planes de empresa, es decir, que parte de su sueldo va este segundo pilar el de previsión complementaria empresarial.

—¿Y Galicia, en particular? Decía usted que tenemos una mayor cultura del ahorro...

—El perfil gallego es más ahorrador, más conservador, más previsor. De ir guardando algo para cuando vengan mal dadas. Y esto se trasluce también en la encuesta a los millennials de la comunidad, que tienen ese mismo perfil.

—Llama la atención que solo un porcentaje mínimo sea consciente de que percibimos como jubilados más de lo que hemos cotizado. ¿No debería alertarnos?

—Sí. Esa visión ha calado y no solo entre los millennials, sino en todas las generaciones. Y los números dicen lo contrario: confirman que se cobra de media entre un 30 % y un 44 % más de lo que se ha cotizado. Por eso proponemos que se hagan ajustes y que la pensión tenga que ver con la cotización que hacemos en activo.

«Necesitamos ahorrar para la jubilación por tierra, mar y aire, hay que favorecerlo»

Defiende el consenso alcanzado en el Pacto de Toledo, pero reclama «ir más allá» y abordar una reforma estructural del sistema para garantizar su sostenibilidad.

—Esta semana ha trascendido la intención del ministro Escrivá de ampliar a 35 años en período de cotización sobre el que calcular la pensión. ¿Cómo lo valora? ¿Es un cambio en la línea en la que su instituto pide cambios?

—Sí. Va en esa línea, pero es actuar solo sobre una de las patas del sistema. Y hay más cosas. Lo primero que vemos es que si aumenta la longevidad, puede tener sentido que pasemos más tiempo trabajando o, por lo menos, que se nos dé la oportunidad de elegirlo, un poco como el sistema de cuentas nocionales sueco. Combina las dos patas: que haya más correlación entre lo cotizado y lo percibido y, a la vez, le da a la gente un margen para elegir el momento de jubilarse, porque la cuantía de la pensión se adapta a la esperanza de vida. Por supuesto, con las pensiones mínimas cubiertas, creemos que todo esto puede tener sentido. Porque las reformas a las que debe mirar España ya se han hecho en otros países del entorno, porque su generación del baby boom es algo anterior a la nuestra y ya se ha jubilado. Necesitamos reformas estructurales, no paramétricas.

—Hablando del Pacto de Toledo, ¿qué opinión le merecen sus recomendaciones? ¿Servirán para garantizar la sostenibilidad del sistema o son poco ambiciosas?

—Lo mejor del Pacto de Toledo ha sido el consenso. Ahora bien, creemos que se puede ir un paso más allá en las reformas que hay que tomar. Porque tenemos dos retos clave sobre la mesa: el de la sostenibilidad y el de la suficiencia, es decir, que se mantengan en el futuro y que sean suficientes para vivir. Nadie quiere cambiar el sistema de reparto, pero sí hay que resolver el problema de sostenibilidad que plantea.

—¿Qué piensa del fondo público de pensiones con el que el Ejecutivo pretende impulsar la previsión social empresarial?

—Como idea nos parece estupendo todo lo que sea fomentar el ahorro para la jubilación en las empresas. Es necesario, pero habrá que concretar bien los detalles. Pero apoyar la creación de estos planes de empleo no debería suponer denostar el ahorro de los planes de pensiones individuales. No se trata de quitar incentivos a unos para dárselos a otros. Necesitamos ahorro por tierra, mar y aire (individual y empresarial para complementar la pensión pública) y hay que favorecerlo.

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