Los líderes europeos dilapidan la breve tregua concedida a la economía

Difieren en el tamaño, el reparto y la condicionalidad del fondo de recuperación


redacción / la voz

La extensión de los ERTE, la apertura de grifos públicos de liquidez, los rescates empresariales y las compras de deuda a manos del Banco Central Europeo (BCE) han conseguido mantener vivas las economías del euro tras la hibernación inducida por la pandemia del covid-19. Aunque las cifras macroeconómicas apuntan a una caída histórica del producto interior bruto (PIB) -de hasta el 9,4 % en el caso de España-, parece que el despertar del confinamiento ha sido más dulce de lo esperado, fruto de las cuantiosas ayudas desplegadas por los Gobiernos. Esa breve tregua que vive la economía a costa de endeudarse es «ganar algo de tiempo» para negociar un plan de recuperación europeo eficaz y ambicioso, como explicó hoy la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde. Una tregua que dilapidaron un poco más los líderes europeos esta mañana, incapaces de llegar a un acuerdo de mínimos después de tres meses de declaraciones políticas y conversaciones «constructivas» para alumbrar un fondo del que dependerá la salida española de la crisis.

La división es total, hasta en las cuestiones más triviales. El norte y el sur batallan por el tamaño, la clave de reparto, el tipo de ayudas, la condicionalidad y hasta los plazos del programa al que Bruselas quiere dotar de 750.000 millones de euros (500.000 millones en subvenciones y 250.000 en préstamos) y los países ortodoxos (Dinamarca, Suecia, Austria y los Países Bajos) quieren cercenar. «Son asuntos muy complejos, no debe sorprender», justificó ayer el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, quien cree que la cita crucial será la cumbre presencial que convocará a mediados de julio, coincidiendo en el calendario con la designación del nuevo presidente del Eurogrupo.

Sabotaje holandés

Los planes de las cancillerías del norte van por otro lado. El primer ministro holandés, Mark Rutte, trata de postergar los trabajos hasta después del verano, a sabiendas de que el BCE no puede seguir comprando deuda sine die y que las finanzas de sus socios españoles e italianos están asfixiadas ante el aluvión de gasto que se avecina. No solo eso, exige poner en marcha análisis de las necesidades de cada país, reorientar las prioridades presupuestarias de la UE (menos dinero para la PAC y la cohesión) y una vigilancia estrecha a los países que se acojan a las ayudas. Hasta las cancillerías aliadas de los holandeses reconocen que es necesario bajar las espadas y llegar a un entendimiento mínimo. Están dispuestas a ceder si a cambio se les permite contribuir menos en los presupuestos europeos, se endurecen los criterios de acceso a los fondos y se aparca el proyecto de crear «una unión de deuda por la puerta de atrás», como lo definió el canciller austríaco, Sebastian Kurz. «Los puentes que tenemos que construir todavía son grandes», aseguró hoy resignada la canciller alemana, Angela Merkel, en declaraciones a DPA. Su país avala el despliegue de un fondo de 500.000 millones de euros combinando préstamos y subvenciones. Porque el destino de su economía está estrechamente vinculado a la estabilidad del euro. Berlín no se puede permitir que dos de las cuatro grandes potencias del euro caigan en una nueva crisis de deuda. El proyecto europeo no sobreviviría: «Es esencial no perder más tiempo», exigió la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen.

¿Por qué es tan importante el calendario? Los líderes de la UE también tienen que dejar listos los presupuestos europeos (MFP) para los próximos siete años. No solo se necesita la unanimidad del Consejo sino que cualquier acuerdo en torno al fondo y el MFP exigirá el visto bueno de la Eurocámara y de los parlamentos nacionales, un proceso que retrasará, como mínimo, hasta enero del 2021 el desembolso del grueso de las ayudas. «Cuanto más tiempo perdamos, más profunda será la recesión [...] Lo que está en juego aquí es el futuro del proyecto europeo», alertó hoy el presidente español, Pedro Sánchez. Mientras, la cuenta atrás sigue en marcha.

El BCE avisa a los Gobiernos: «Lo peor está por llegar»

ECB dpa

El desempleo podría alcanzar este año el 10 % en la zona euro

Mientras los Veintisiete siguen inmersos en disquisiciones sobre fórmulas de reparto y condicionalidades, el Banco Central Europeo (BCE) volvió a lanzar hoy una bengala de auxilio. El organismo comandado por Christine Lagarde está cargando con el mayor peso de la crisis por la incapacidad de los Gobiernos de alcanzar un acuerdo político sobre el plan de estímulos. La francesa no se anduvo con tapujos: «Lo peor está por llegar», les espetó a los líderes de la UE, según recoge Europa Press. Se refería a las previsiones sombrías que se ciernen sobre el mercado laboral.

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