Rafael Prieto: «Un ganadero no puede estar buscando cobertura para dar de alta a una vaca»

El director general de Clun dice que Galicia tiene enormes posibilidades en el sector lácteo y apenas las ha jugado


Redacción / La Voz

Rafael Prieto Rodríguez (Pontevedra, 7 de junio de 1961) cumplirá el 1 de julio un año como director general de Cooperativas Lácteas Unidas (Clun), gran cooperativa láctea creada tras una valiente decisión de Feiraco, Os Irmandiños y Melisanto. Hasta ahora mucho camino andado, pero mucho por hacer para lograr ser una compañía comparable a las grandes europeas. Esa es la apuesta.

-Año movido. Primero movilizaciones, luego coronavirus…

-A las movilizaciones yo casi no llegué. A través de ellas se exigía un precio justo para la leche, una reclamación histórica para el sector. El coronavirus lo llevamos razonablemente bien. Nos movimos antes de que fuera obligatorio. El teletrabajo se impuso en los primeros días de marzo viendo que las cosas se estaban complicando. Nuestra obsesión fundamental, después de la seguridad de los trabajadores, era la recogida de leche; porque si nosotros teníamos cualquier problema, habría cada día un montón de cientos de miles de litros de leche que no se recogerían. No podíamos fallar en el suministro. Implementamos varios protocolos: separamos a la gente en grupos para reducir el número de contactos cercanos de cada persona. Se hicieron limpiezas y desinfecciones especiales. Uno de mis trabajos favoritos fue el de dedicarme a comprar mascarillas cuando no las había. Y bueno, conseguimos mascarillas. Nunca nos faltaron. Incluso pudimos suministrar en parte a los socios. Realmente era una dificultad. Así conseguimos garantizar la recogida.

-Sufrieron la segunda locura tras el papel higiénico.

-Sí, sí. La gente después del papel higiénico, se dedicó a comprar leche como si no hubiera un mañana. Teníamos pedidos de siete, diez, quince veces lo normal. Pudimos encajar esos picos, y parte de las cosas que hemos aprendido han venido para quedarse.

-¿Por ejemplo?

-Las videoconferencias, que era algo que en la cooperativa nunca se había experimentado. Tenemos gente diseminada por el campo, gente en tres sedes, que muchas veces para una reunión presencial acaban perdiendo un día entero. Cambiamos procedimientos: aplicaciones para firma digital, aplicaciones para poder fichar on-line desde el teléfono, desde el ordenador, desde cualquier terminal. La gente que no había experimentado el teletrabajo, lo hizo. Se rinde mucho, aseguran que han trabajado más. Mi idea, que ya la tenía al llegar, es tratar de habilitar un horario flexible que influya flexibilidad horaria y capacidad de teletrabajar.

-¿Cuál es el proyecto de Clun?

-Es una de las cosas más bonitas que me ha caído entre las manos. Creo que Clun es algo que está jurídicamente hecho, pero organizativamente y desde el punto de vista del negocio todavía se puede hacer más. Las capacidades que tiene Clun de ser algo que trascienda a lo largo del tiempo, son muy grandes.

-¿Un gran grupo lácteo?

-El mundo del lácteo en Galicia tiene unas posibilidades enormes y hasta ahora apenas las hemos jugado. Al llegar tenía una imagen del sector bucólica. Un paisaniño con su vaca... y no. Me he encontrado con grandes empresas. Se cierran explotaciones para hacer otras medianas y grandes, más eficientes. La producción ha crecido. El que desaparezcan pequeñas no debería ser un drama. La dificultad está en el relevo generacional en el campo, un problema en el que nosotros tenemos que ser vehículo para intentar llevar políticas adecuadas al campo y tratar de animar y emocionar a los hijos de nuestros socios para que se queden. Pero eso no puede ser un trabajo solo de la cooperativa. La Administración tiene que hacer una parte importante. Hay que dotar al campo de infraestructuras, de servicios. Nadie va a montar una explotación maravillosa si no tiene una red de 5G en condiciones para hacer gestiones. No puedes estar buscando cobertura para dar a una vaca de alta... Si no tienen unos servicios para atender a tus mayores, y si no tienen guarderías y si no… Es importante que la Administración lo sepa y nosotros tenemos la ventaja de que tratamos a diario con el problema. Creo que podemos ser una ayuda. Tenemos muchos socios y conocemos sus problemas.

-El desarrollo de Clun...

-Tenemos una parte diferenciadora a nivel cooperativa: Feiraco y Unicla como marcas y con capacidad de envasar y Clesa en la parte de yogures (Clun controla alrededor del 70 %), que este año hará 35.000 toneladas de yogur. Debemos ser capaces de parecernos a las grandes cooperativas europeas, a todas las que se han convertido en marcas trascendentes en el mercado.

-¿Es posible?

-Esa es mi ilusión.

-¿Le gustaría fusionar Clun con Aira, otra gran cooperativa?

-El objetivo no es la fusión en sí misma. Para mí el objetivo sería fusionar la actividad o las intenciones. No necesariamente el capital. Si mañana encontráramos una actividad ganadora para la leche de nuestros socios, me daría igual si el que entra es un fondo de inversión a cambio de una retribución que le puedo pagar. Pero creo que sería mucho más fuerte el proyecto en el campo si lo hiciéramos con una base cooperativa; sería mucho más transversal en Galicia.

-No sé si le estoy entendiendo.

-Imagínese. Echo de menos en Galicia un proyecto importante de quesos, por ejemplo. ¿Por qué no hay un proyecto ganador de queso gallego cuando es un producto razonablemente apreciado en todos los mercados? Hay micro queserías que han sufrido muchísimo con la crisis Nosotros tenemos una red que llega con frío a cualquier sitio de España. Si mañana se armara un proyecto… Realmente la idea puede ser como la de Clesa: estamos como empresa pero no estamos fusionados. Se decide abordar un proyecto industrial, nos ponemos de acuerdo, se dota de órganos de gestión, se aprueba un plan de negocio y se lleva a cabo. ¿Hace falta estar fusionados? No creo que sea indispensable. Para tener un proyecto de quesos no tienes que construir y tener en propiedad una fábrica. Puedes llegar a acuerdos.

«No me pusieron una pistola en la sien, pero alguna vez tuve algún susto importante»

 

 

Estuvo en Pescanova 32,5 años. Primero en logística («mi madre me decía; estudiar ingeniería... para cargar camiones», recuerda entre risas), luego en control de costes en Chapela, después en la planta de pizzas en Arteixo y por el camino se fue a América, al sector del langostino: Nicaragua, Ecuador, Honduras y Guatemala.

-Manuel Fernández de Sousa me pidió que me hiciera cargo de la dirección del cultivo langostino. Fue en enero del 2013, y en febrero quebramos. Fue otro proceso de esos «entretenidos». Yo tenía a mi cargo a 6.000 personas. Cinco empresas en cuatro países: Nicaragua, Honduras, Guatemala y Ecuador. La quiebra para mí fue un golpe. Mi obsesión fue mantener aquello activo, que no se perdiera nada. Fue difícil. Estuve del 2013 al 2016 con la administración concursal y luego entraron los bancos acreedores.

-Decidió salir.

-Fue un acuerdo de las dos partes. Ellos buscaban un estilo diferente, un cambio de gestión. Yo siempre he pensado que una persona no debe estar nunca por delante de un proyecto. Llegamos a un acuerdo razonablemente fácil.

-Casado con tres hijos.

-Sí, de 26, 24 y 22.

-Su mujer alucina al verle todos los días.

-El hecho de pasarme el 40 % del año fuera de casa tiene un contraste con que en estos últimos doce meses he pasado tres noches fuera, dos en Ribadeo, que no sé si cuentan incluso como fuera de casa. El desgaste de los viajes se nota. Fines de semana, países complicados.

-Eso no lo paga el dinero.

-No. Yo no lo haría por dinero. Cuando estás metido en un proyecto y te lo ofrecen, lo coges con ilusión. Tendrá su pequeño componente también vocacional, pero hay países realmente complejos: la seguridad, la capacidad de estar allí tranquilo.

-¿Alguna vez le pusieron una pistola en la sien?

-La pistola en la sien, no, pero alguna vez tuve algún susto importante sí.

-¿Que pasó?

-Un señor que nos tenía que llevar por un sitio nos quería llevar por otro. Y nuestro jefe de seguridad tuvo que echar la mano al bolsillo trasero del pantalón y yo sabía lo que llevaba en él.

Llamo a la cooperativa para confirmar un dato. Una voz agradable me atienda. Me deja a la espera y suena música. Jazz. Poco imaginable en el tradicional mundo ganadero.

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