Lagarde advierte a la UE de que la economía podría desplomarse un 15 %

La presidenta del BCE teme que los líderes europeos actúen «demasiado poco y demasiado tarde»


«Demasiado poco y demasiado tarde». Es la maldición histórica que arrastra la Unión Europea al hacer frente a una crisis. La lentitud, la falta de ambición y, sobre todo, la ausencia de acuerdo para extender un potente cortafuegos europeo hizo que la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, se revolviera esta tarde en su silla. Según pudo saber Bloomberg, la francesa ha tratado de hacer reaccionar a los líderes políticos, reunidos de forma telemática, asegurando que corren el riesgo de quedarse cortos ante un desplome del PIB europeo que podría alcanzar el 15 %. Sus temores son fundados. Algunos países como Alemania, Austria o los Países Bajos insisten en rebajar las expectativas sobre el futuro fondo de reconstrucción económica. Berlín insiste en articularlo a través de préstamos, no subvenciones y Viena exige firmar una hoja de condiciones antes de desembolsar dinero. Los inversores no se fían. Ni del estado de salud de las economías italiana y española ni de que la respuesta de la Unión vaya a estar a la altura de lo que exige la crisis. Por eso exigen más rentabilidad a la hora de financiar sus deudas.

Apagar fuegos

La situación se ha tensado tanto que el BCE tuvo que salir a escena el miércoles por la noche, extintor en mano, y anunciar que aceptará los bonos basura como garantía en las operaciones de liquidez de los bancos de la eurozona, ante la perspectiva de que el mercado se caliente. El organismo comandado por Lagarde consiguió relajar las primas de riesgo en una maniobra que anticipa una posible revisión a la baja del bono italiano, que hoy se somete a examen. La agencia de calificación crediticia S&P podría dejarlo al borde del bono basura.

Las consecuencias de reaccionar tarde y mal pueden ser desastrosas, como demostró la crisis de deuda que se desencadenó en el 2010. La prima de riesgo española, hoy en el entorno de los 155 puntos básicos, llegó alcanzar los 600 y países como Grecia tuvieron que acudir a gravosísimos rescates después de ver estranguladas sus vías de financiación en los mercados. Esta vez el BCE no ha querido esperar a ver cómo se incencia la casa para intervenir y garantizar que el crédito sigue fluyendo, aunque sea a costa de la calidad de sus balances.

El mayor riesgo, de nuevo, es el político, pero a diferencia de la crisis del 2010, ahora es Italia, cuya prima de riesgo ya coquetea con los 250 puntos básicos, la que está en riesgo. Su economía, la tercera más grande del euro, es too big to fail (demasiado grande para caer). Su desplome acabaría arrastrando al bloque, empezando por la economía española. 

España apela a la «solidaridad» de la UE para no endeudarse de por vida

cristina porteiro
BELGA dpa

Aparca los eurobonos y persuade a Alemania para subvencionar la recuperación

¿Cómo salvar la economía española sin morir ahogados bajo una montaña de deudas tras la pandemia? Es el rompecabezas que trata de encajar el presidente español, Pedro Sánchez, a escasas horas de que arranque un nuevo encuentro con los líderes europeos. A ellos les demandará mañana solidaridad con los países más afectados por el COVID-19. Un gesto que se traduciría en reducir la dependencia de España de los préstamos para sufragar un rescate que podría oscilar entre los 120.000 y los 250.000 millones de euros, según los cálculos de los expertos.

El feroz rechazo de los Países Bajos y el inquebrantable veto alemán a los coronabonos, ese callejón sin salida que Italia y Francia insisten en explorar, ha obligado al Ejecutivo español a transitar por vías alternativas en busca de una fórmula que reduzca el riesgo de vincular la deuda española, italiana o francesa a la de otros socios más solventes a la hora de financiarse en los mercados. Sánchez presentará mañana un plan que podría ser más digerible para Alemania: la creación de un fondo europeo de recuperación de 1,5 billones de euros que se financiaría con deuda perpetua utilizando como garantía los presupuestos europeos (a siete años) y empezaría a funcionar en enero del 2021. Los intereses se pagarían con la caja de recaudación de impuestos comunitarios. Según el propio Sánchez, se trata de subvenciones o «transferencias a fondo perdido» en lugar de préstamos reembolsables «que agravarían el endeudamiento».

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