Goldman Sachs se afloja la corbata

El conservador banco de inversión relaja el código de vestimenta para todos sus trabajadores


redacción / La Voz

Los lobos de Wall Street se han aflojado el nudo de la corbata. Los hedonistas banqueros que se paseaban, maletín en mano, por las calles del centro financiero neoyorquino tienen los días contados. Los carísimos trajes a medida, las llamativas corbatas, los prohibitivos gemelos y las camisas con marcas de renombre están de capa caída. El parqué americano está cambiando.

Y el último en relajar los códigos de vestimenta para todos los empleados ha sido el todopoderoso y conservador banco de inversión Goldman Sachs. El traje y la corbata pasarán a ser algo opcional para los banqueros y socios de la firma. Y no es cualquier cosa. Que Goldman permita a los suyos acudir a la oficina desprovistos de sus mejores galas es todo un hito en una compañía de perfil tan marcadamente tradicional.

El nuevo código de vestimenta llegó en forma de nota interna a la bandeja de entrada del correo electrónico de más de 36.000 trabajadores. Y venía avalada por los jefes. David Solomon, presidente ejecutivo de la firma; Stephen Scherr, director financiero; y John Waldron, cabecilla de la sección de operaciones, fueron los encargados de redactar y firmar el texto que justificaba su decisión. Dicen los responsables del banco que las nuevas medidas se deben a «la naturaleza cambiante de los lugares de trabajo, en general, a favor de un ambiente más informal». Vamos, que esto de Wall Street ya no es lo que era y que lo que toca es modernizarse.

El recién elegido presidente ejecutivo, David Solomon, tiene mucho que ver en esto de la renovación. Desde su aterrizaje en el banco, en 1999, ha demostrado tener una visión de la vida y los negocios bastante poco acorde a los aires que se respiran en Wall Street. De hecho, una de sus grandes aficiones es la música electrónica, y en más de una ocasión se le ha visto a los mandos de una mesa de mezclas para convertirse en un cotizado pinchadiscos.

Goldman Sachs lleva experimentando con la paulatina eliminación de los estrictos cánones de vestimenta desde hace un tiempo. En el 2017, empezó a abrir la mano con algunos de sus empleados. En concreto, con los más punteros; los que pasaban las horas en la división de tecnología y de negocios digitales. La diferenciación entre unos y otros había generado algunos roces entre los que pisaban el parqué en raya diplomática y los que acudían a la oficina ataviados con unos populares vaqueros. En aras del buen ambiente, Solomon ha decidido democratizar la medida.

También ha tenido su peso en la decisión la captación de talento. Goldman compite en una guerra sin cuartel con otros bancos asentados en Wall Street para llevarse a sus oficinas a los mejores trabajadores. Y en esta batalla, las empresas con ambientes relajados consiguen inclinar -y mucho- la balanza a su favor. Todo vale -incluso demoler algunas de las tradiciones que se consideraban más asentadas- para convertirse en el mejor postor. Las características de la plantilla también animan al cambio. Y es que más del 75 % de sus empleados son millennials, jóvenes nacidos a partir de los ochenta.

Vestir «de manera coherente»

Modernos sí. Permisivos también. Pero con coherencia. Los responsables de la entidad financiera piden a sus trabajadores ser consecuentes con su posición. La nota enviada a los empleados no especifica qué prendas son adecuadas y cuáles no, pero lanza una velada advertencia: «Todos sabemos lo que es y no es apropiado para el lugar de trabajo». Recuerdan los jefes que relajar el código de vestimenta no significa acudir a la oficina con cualquier prenda. Tienen que pensar con quién trabajan. Por eso deben vestir «de manera coherente» con las expectativas de los clientes. «La vestimenta informal no es apropiada para todos los días y para todas las situaciones», advierten.

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